Adular significa alabar a alguien de forma exagerada, interesada o poco sincera, generalmente con el único objetivo de ganarse su favor, obtener un beneficio o complacer. Sigmund Freud (1856–1939) fue un médico neurólogo austriaco de origen judío, considerado el padre del psicoanálisis. Es una de las figuras más influyentes, revolucionarias y controvertidas del siglo XX, ya que transformó por completo la forma en que entendemos la mente humana, la personalidad y el comportamiento.
Freud no dedicó un tratado exclusivo a la «adulación» como un término aislado, pero abordó sus mecanismos y peligros de forma profunda a través de sus teorías sobre el narcisismo, el Yo y la resistencia. existe una frase célebre atribuida a Freud que resume perfectamente su postura sobre el tema:
«Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso».
Desde la perspectiva del psicoanálisis freudiano, los peligros de la adulación se pueden estructurar en los siguientes puntos:
1. Desarma las defensas del Yo
Cuando alguien nos ataca, nuestro sistema psíquico se pone en alerta. Se activan mecanismos de defensa, nos concentramos y nos preparamos para responder o protegernos. Sin embargo, la adulación entra por una «puerta lateral». El halago no genera resistencia; al contrario, es recibido con los brazos abiertos por la mente porque genera placer inmediato. Al derribar nuestras defensas, la adulación nos vuelve sumamente vulnerables a la manipulación de quien la emite, dejándonos indefensos ante sus verdaderas intenciones.
2. Alimenta el narcisismo patológico
Para Freud, el Yo es una instancia psíquica que busca constantemente amor, aprobación y sostén. Una dosis saludable de reconocimiento es necesaria para el desarrollo, pero la adulación constante actúa como una «droga» para el ego.
El peligro radica en que infla el narcisismo de forma artificial. Cuando una persona se acostumbra a ser adulada, empieza a perder el principio de realidad y se recluye en una fantasía de omnipotencia y perfección. Esto le impide ver sus propias faltas, errores o limitaciones.
3. Fortalece la sumisión ante la autoridad (Psicología de las masas)
En su obra Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Freud explica cómo los grupos humanos tienden a deponer su propio «Ideal del Yo» (sus valores y criterios propios) para colocar en su lugar a un líder.
La adulación colectiva funciona en doble sentido: la masa adula al líder para sentirse parte de su grandeza, y el líder acepta la adulación de manera que se rompe todo lazo de pensamiento crítico. El peligro social de esto es la creación de estructuras dogmáticas y de sumisión ciega, donde la verdad es reemplazada por el discurso complaciente.
4. Distorsiona el «Ideal del Yo»
El Ideal del Yo es la autoimagen idealizada con la que nos comparamos para mejorar y aprender. El elogio constructivo nos ayuda a moldear este ideal hacia metas reales. La adulación, en cambio, nos hace creer que ya hemos alcanzado ese ideal. Al hacernos creer que somos perfectos o infalibles, anula el deseo de superación y estanca el crecimiento psíquico del individuo.
En resumen, para el psicoanálisis el peligro no es el elogio honesto, sino la adulación calculada. Esta última funciona como una caricia psíquica tramposa: adormece el juicio crítico, debilita la capacidad de registrar la realidad y nos vuelve dependientes de la aprobación externa.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
