POR BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO
@benjalibre
UN MAMOTRETO Y MAL PARIDO
El gran fracaso de la Comisión Bicameral Investigadora sobre el lavado de dinero deja una serie de lecciones para el futuro en la conformación de comisiones de este tipo. Sus verdaderos propósitos deben estar alentados en la búsqueda de la verdad y deberían tener todo el propósito bastante orientado a esa tarea, y no a la cuestión de la persecución política, al garrote con el que han recubierto una actividad tan importante en democracia como la Comisión Bicameral Investigadora.
La afirmación de sus miembros de que «no pudimos» y también la fuerte declaración del senador Nakayama, que calificó de mamarracho a los resultados y de mal parida desde su conformación, son afirmaciones contundentes en torno a un trabajo que deja mucho que desear y que establece de nuevo el criterio de que el Congreso no tiene la capacidad suficiente para llevar adelante sus tareas más elementales. Y cuando se conforman comisiones en donde se encuentran Dionisio Amarilla, Jatar y Leite, nada bueno podría esperarse.
En el futuro, cuando personajes de este tipo vuelvan a plantear cuestiones de esta naturaleza, sería absolutamente lógico pensar que nada bueno puede existir de una conformación de este tipo. Sólo la mayoría que tienen ahora en el Congreso, los colorados cartistas más algunos liberales y de otros movimientos políticos que alcanzaron un curul, hace posible que este mamarracho haya podido ser redactado.
UN PAÍS DERRUMBADO Y SIN VOLUNTAD DE CAMBIAR
Siguen nuestras escuelas derrumbándose, cayéndose sin mantenimiento, sin atención del Estado paraguayo, que está conformado especialmente hacia la orientación de cuánto se puede gastar en el programa de Hambre Cero, que es una expresión absolutamente desprovista de razón ni argumento. Nadie sale de la pobreza ni acaba con el hambre con una sola comida diaria.
Debería comer una persona tres veces al día todos los días del año, y el Hambre Cero sólo se da en forma de raciones alimenticias durante 180 días. Los otros 185 días del año, se supone que una persona en condición de pobreza y de hambre no comerá. Lo más importante hubiera sido educar a sus padres para que realmente cumplan con su obligación más elemental, que es darle de comer a su prole.
Eso no se promueve porque hay más de 300 millones de dólares a repartir, que —calculen ustedes— con un 25 % de coima en la mayoría de este tipo de operaciones con el Estado, deja una cantidad enorme de recursos para seguir sosteniendo a la clientela política y para utilizar en comicios electorales.
Mientras tanto, no hay dinero para que las escuelas públicas no se derrumben y pongan en peligro la vida de los niños. Pero la imagen es más que elocuente: estamos penúltimos a nivel educativo, y con razón y argumento.
NO SE ANIMAN A ENTRARLE A LAS CAJAS
Las cajas fiscales necesitan urgente una tarea de reconstrucción y revalorización. Así como están, no hay garantías de que los que están aportando puedan jubilarse hacia el final de su jornada laboral de vida.
Eso pasa con el Instituto de Previsión Social, que viene amenazando desde hace bastante tiempo con que no tiene los recursos más que para unos años por delante. Pero, sin embargo, hace poco para cobrarle al principal acreedor —que es el que coloca a su mesa directiva, el Estado—, y que le debe más de 500 millones de dólares. Tampoco hace mucho para que la corrupción no sea el signo administrativo y de gestión cotidiana de la previsional.
Tampoco hace bastante para convencer a la gente de qué manera puede dar un mejor servicio en materia de salud, en donde está uno de sus talones de Aquiles.
El Instituto de Previsión Social, la caja de jubilados bancarios, la caja de jubilados docentes, de profesores universitarios, de policías, de militares: todas están casi quebradas, y nadie cree ni quiere aceptar la tarea de hacer una urgente reforma que dé garantías a los que se encuentran aportando en la actualidad, de que tendrán recursos cuando se jubilen.