martes, febrero 3

3×3 (15/12/25)

POR: BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO

ENOJO CONTRA LA JUSTICIA

El malestar ciudadano contra el Poder Judicial es bastante largo, creciente y permanente. Se ha manifestado en varias oportunidades en contra de la lentitud y, por sobre todo, la venalidad de nuestra justicia, que ha venido protegiendo no solo a delincuentes, sino que también ha abroquelado en su interior a varios cuyo único objetivo es el interés crematístico: hacerse de dinero a través de casos judiciales.

No ha habido, a lo largo de estas más de tres décadas de democracia, signos esperanzadores de participación corajuda y realmente ajustada al derecho de nuestros ministros de corte y de varios de nuestros magistrados. Al contrario, la pusilanimidad rastrera, arrodillada siempre ante el poder político, ha sido una de las características que nos ha impedido, a lo largo de este tiempo, consolidar la idea de que vivimos en un Estado de derecho, de que esto se llama realmente democracia. Para que ella se consolide como tal, debemos reconstruir la justicia, que ha sido degradada y erosionada desde hace mucho tiempo y que no ha mostrado, en ninguno de los nombramientos últimos, gestos que realmente nos demuestren que estamos construyendo una nueva épica.

El malestar de la gente contra la justicia tiene absoluta razón.

ENCONTRONAZOS ECONÓMICOS

La economía continúa siendo sujeta de varias interpretaciones. Grupos conservadores como la UIP dicen que están cansados de afirmaciones retóricas de que nos va bien y de que estamos creciendo, algo que repite también el Ministerio de Economía, que no tiene capacidad para pagar más de mil millones de dólares de acreencias con varios sectores. Y, sin embargo, incluso detona una lucha interna con la ministra de Obras Públicas, que no tiene muchas capacidades tampoco ni luces, pero ciertamente el pago no le corresponde a ella, sino al Ministerio de Economía. Él es el que conoce cuánto existe en caja y es el que determina a quién pagar, cuándo pagar y cómo pagar.

Recuerdo haber conversado una vez con un ministro de Hacienda que me decía: todo eso del presupuesto es puro bla, bla. Finalmente, es el capricho del presidente o el mío el que determina que se pague o no se pague algo, se gaste en esto o en aquello. Cuando uno va y conversa con un presidente, le pregunta si hay que hacer fast track, la línea rápida, o slow track, la línea lenta.

Esa es la historia del manejo económico del país. Así se ha venido haciendo siempre y así se hace ahora. O sea, cuando no se puede pagar más de mil millones de acreencias, el problema es con el ministro de Economía o del presidente de la República, o de ambos en conjunto.

AMBIENTE ENRARECIDO

La violencia continúa en el mundo, fundamentalmente estimulada por un factor religioso y por una lucha de carácter cultural. Alguna vez un politólogo de Harvard llamado Samuel Huntington escribió un libro llamado Choque de civilizaciones o Choque de culturas, que sería la característica de los conflictos del siglo XXI. Y lo estamos viendo ahora con este crimen en una playa de Australia, en donde activistas musulmanes atacaron a unos judíos que se encontraban en sus playas, dejando más de 12 muertos. Esto también se inscribe en una confrontación que se prolonga a otras partes y que ha tenido su epicentro en Israel y en la zona de Palestina.

Cuando vemos que se habla mucho de que se quiere la paz y un presidente norteamericano que quiere ganar el premio para su propia vanidad, pero que no trabaja para que tengamos menores niveles de conflictividad en el mundo, es que estamos realmente navegando en aguas procelosas, donde la violencia y el choque entre seres humanos de distintas denominaciones políticas y religiosas continúan siendo la marca de nuestros tiempos.

Si realmente queremos trabajar por la paz, debemos comprometernos con ella y no alentar ni estimular, con un discurso que solo busca dividirnos, polarizarnos y enfrentarnos. Hay que construir un diálogo fructífero, aquel que permita estar y sentirse seguros en cualquier playa o lugar del mundo.