POR: BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO
LA CARNE IMPOSIBLE DE SER ADQUIRIDA
La promesa de “vamos a estar mejor”, que había sido el leitmotiv de la campaña de Peña, sin embargo, no repercute en la vida cotidiana de la gente, que tiene severos problemas para enfrentar el aumento de la canasta familiar y el hecho de que se pueda comprar cada vez menos con el dinero que se tiene en el bolsillo. Datos estadísticos cuentan que se ha perdido casi el 30% del valor de la moneda en compras en los supermercados y mercados del país.
Ahora ya se adelanta para que la gente se prepare, ya que dentro de un mes y medio tendríamos dificultades para adquirir una costilla de carne, que es la que se utiliza generalmente para festejar y celebrar las fiestas de fin de año. La carne ha tenido un incremento notable en los últimos tiempos, en coincidencia con un aumento de la exportación de este producto al mundo, casi alcanzando 2.000 millones de dólares en la actualidad. Los mercados internacionales se abren para la carne nacional, pero no tiene acceso la sociedad paraguaya en su conjunto.
Afirman que se redujo el hato ganadero, que hay menos vacas y buenos bueyes que faenar y, por lo tanto, el producto tiene que subir. Los productores pecuarios se quejan de los frigoríficos, que son quienes les compran a valores muy bajos y ganan ellos la parte del león. Hay otros que dicen que hay que crear un Instituto Nacional de la Carne y, hace poco tiempo, un diputado de nuevo planteó la creación de un frigorífico nacional que haga como Petropar, que regule los precios del producto.
Todas estas son expresiones de deseos. El propio presidente Peña reconoce que la carne está por las nubes, pero, en vez de hacer cosas simples, en vez de ocuparse del problema y no simplemente preocuparse, las cuestiones no van a cambiar.
LA ECONOMÍA, UN DESASTRE
Una de las cuestiones centrales en la vida pública paraguaya ha sido cómo transparentar el accionar del Estado. En la experiencia que se tuvo en el Paraguay y en otras partes del mundo, se ha visto que, en la medida en que más se transparenta lo que hace el Estado con nuestros recursos y cómo se gastan, es mayor la capacidad tributaria de esa sociedad cuando se trata de reclamar un impuesto mayor. Paraguay tiene una de las más bajas presiones tributarias del subcontinente, pero, sin embargo, tiene un altísimo nivel de robo y de evasión.
En el robo de la cosa pública se van 2.000 millones de dólares, y muchos dicen: ¿por qué tendríamos que tributar más a un Estado ladrón que se roba casi el 14% del Presupuesto General de Gastos de la Nación en licitaciones, en contrataciones de personal que no tienen ningún tipo de justificativo más que la clientela política? Ahora el gobierno paraguayo está presionado por el Fondo Monetario Internacional para que pueda acceder de nuevo a un empréstito de 178 millones de dólares y le dice que tiene que mejorar el gasto público y también tiene que arreglar la hemorragia de las cajas fiscales, por donde muchos de los contribuyentes están cada vez más aportando volúmenes superiores, porque lo que aportaron para su jubilación maestros y militares, entre otros, no alcanza para pagarles la jubilación. En muchos de los casos se jubilan muy temprano y los niveles de reposición no alcanzan los que debieran tener en un sistema jubilatorio sano.
En concreto, arreglar las finanzas es una cuestión central de un gobierno manejado por economistas, pero muy lejos de la realidad que vive la gente.
CAMBIOS CLIMÁTICOS PRESIONAN
El Foro Mundial se está reuniendo en este momento sobre la cuestión del medio ambiente en Belém do Pará, en Brasil, y allí, desde hace bastante tiempo, desde 1992, en reuniones sucesivas, viene reiterándose que el cambio climático, la suba de temperaturas, el calor en las aguas de los océanos, está generando un cambio brutal de las condiciones de vida.
Los seres humanos estamos destruyendo nuestro planeta y no tenemos conciencia del grave daño que eso supone. Hay búsquedas de energía alternativa y Paraguay, con sus hidroeléctricas, podría haber hecho un gran cambio en la manera en que nos movemos.
Deberíamos haber usado toda esa energía para que los coches eléctricos, los trenes, los tranvías y los autobuses eléctricos fueran realmente la base matriz para movernos.
Sin embargo, en Paraguay seguimos cocinando con leña. El 72% de la utilización de energía cotidiana del Paraguay es biomasa y, además de eso, estamos importando todo el gasoil y la nafta provenientes de otros países. Tenemos mucho sol y no hemos desarrollado tampoco la energía solar.
Mucho viento, y tampoco hemos hecho mención a la cuestión de la energía eólica. Mientras tanto, la ANDE dice que pierde 500 millones de dólares por año porque se hizo una mala negociación con Itaipú en Brasil. Todo esto nos demuestra que la cuestión energética, que es la base fundamental del movimiento de los países y en la que tenemos ventajas comparativas, nunca la hemos usado como debiéramos.
Ahora, con mucha energía limpia, sin embargo, vamos camino a tener que pagar más por la energía eléctrica que consumimos. Una gran contradicción.
Periodista Senior