POR: BENJAMÍN FERNÁNDEZ BOGADO
LA MAFIA DE LA JUSTICIA
El escándalo de los pagarés debe ser un punto fundamental a partir del cual se tenga que cambiar toda esta perversa lógica en la que caen muchos paraguayos incautos que compran en cuotas ciertos productos que valen 1 y terminan pagando 1.000. Esta es una situación en la que la Secretaría del Consumidor tendría que haber sido un partícipe más directo para evitar circunstancias de este tipo.
La Corte Suprema de Justicia, que no controló a los jueces de paz involucrados con estudios jurídicos y que se dedicaron a trasquilar a miles de paraguayos incautos con muy pobre manejo financiero, terminó generando víctimas de esta circunstancia que hoy se ha convertido en una verdadera bola de nieve, no solamente jurídica sino también política.
Detrás de esta cuestión existe todo un mecanismo mafioso, extorsivo, avaricioso, que ha dominado no solo las relaciones en el comercio sino en la vida cotidiana y fundamentalmente en la política. Si la política no es capaz de resolver este grave problema, es que ella ha dejado de significar nada para la gente.
Detrás de esta cuestión tendrían que aparecer grandes voces, no solo algunos políticos, sino que tendría que generarse una gran reacción ciudadana para que este sistema perverso, avaricioso y contrario a cualquier lógica se acabe, y que aquellos partícipes de esta mafia sean castigados de forma ejemplar.
INTERVENIR EL MINISTERIO DE SALUD
Las deudas acumuladas por varios proveedores del Estado requieren también una profundización en torno a cómo se logró ese tipo de volumen tan alto, especialmente en el tema de medicamentos. Esta es una cuestión de la que no solo ahora se está hablando, donde se dice que muchas empresas no proveen los medicamentos y que esto constituye muchas veces una mafia administrativa de alto costo para el Estado en su conjunto.
Tendría que intervenirse todo el mecanismo de compra de medicamentos del Ministerio de Salud. El propio ministro de Economía ya no logra saber cómo se han pagado recientemente unas acreencias de 300 millones de dólares. Les aparecen otros 300, y las empresas farmacéuticas dicen: “No, son 600 millones de la moneda americana”.
O sea, todo esto requiere una labor de contraloría y de intervención para conocer exactamente si esos medicamentos fueron comprados. Primero, si llegaron a los lugares en donde tendrían que llegar, si fueron distribuidos a los pacientes o si todo esto es una mafia de los medicamentos enorme que tendría que acabar, porque, de momento, pagándose 300 millones de dólares, aparece de nuevo una deuda de 600. Habría que preguntarse si todo el presupuesto general de gastos del Ministerio de Salud solo va para medicamentos.
Algo huele a podrido en Dinamarca, diría Hamlet, y entre nosotros algo huele a podrido en los medicamentos.
RUTAS DE TODO TIEMPO Y A COSTO REAL
Las cuestiones que tienen que ver con el desarrollo vial del Paraguay tendrían que ser una cuestión prioritaria.
El Paraguay necesita faltar 15.000 kilómetros y ha venido haciéndolo a un ritmo muy lento para apuntalar el desarrollo que se pretende con la integración de regiones. Ahora simplemente no hay inversión, porque ha dicho el Ministerio de Economía que lo más importante es pagar las deudas acumuladas, que siguen sumándose con este gobierno, y no hacer las inversiones que se debieran. El Paraguay requiere una importante inversión, pero para eso también tendría que acabar la corrupción que rodea a la construcción de obras viales en el país.
La denominada mafia vialera ahora se queja porque no le pagan sus acreencias, pero, de nuevo, el Paraguay necesita ordenar su casa en cuestiones estratégicas de educación, de salud y de obras viales. No hay ninguna razón para que se continúe con esta lógica perversa en donde el único que pierde es el ciudadano imposibilitado de comunicarse o aquel que se dedica a una actividad productiva y no puede sacar sus productos. Hay que ordenar esta casa.
Así como está en el desorden, solo ganan los corruptos.
Periodista Senior