Maire Curie ha sido una persona excepcional. Ella decía.; «Uno nunca nota lo que se ha hecho; solo se puede ver lo que queda por hacer».
Su legado transformó la física y la medicina, pero detrás de sus descubrimientos se escondía una filosofía de vida marcada por la exigencia personal y la búsqueda constante de nuevos desafíos.
La historia de Marie Curie está asociada a algunos de los avances científicos más importantes de la era moderna. Sin embargo, más allá de los descubrimientos que la llevaron a ganar dos Premios Nobel, una frase escrita cuando aún era una estudiante revela la mentalidad que impulsó toda su trayectoria: “Uno nunca nota lo que se ha hecho; solo se puede ver lo que queda por hacer”.
Y quizá tenga razón, porqué es habitual que no nos hayamos dado cuenta de lo hecho y solo nos enfoquemos en lo que queda por hacer en el hogar, trabajo, estudios o cualquier cosa que debamos cumplir en nuestra vida, quizá por la ansiedad o inquietud de saber lo que ocurrirá más adelante y perdemos la atención y/o enfoque del ahora o presente, momento importante que al tenerlo en cuenta aseguramos un futuro cómodo y seguro para nosotros y nuestros entornos, siempre que hagamos bien las cosas que nos toca desarrollar no solo para complacer a alguien en particular sino para estar cómodos con nuestros rendimientos y poder continuar diseñando, ordenando o haciendo lo que nos toca.
Entre los importantes trabajos de Curie lo que se destaca hasta ahora son;
1. El descubrimiento de la «Radiactividad»
Junto a su esposo Pierre Curie, investigó los misteriosos rayos que emitía el uranio. Marie demostró que la intensidad de la radiación dependía únicamente de la cantidad de uranio en la muestra, deduciendo que la radiación provenía del propio átomo y no de una reacción química. Ella misma acuñó el término «radiactividad».
2. El hallazgo de nuevos elementos
Trabajando en condiciones muy precarias en un cobertizo mal ventilado, los Curie procesaron toneladas de un mineral llamado pechblenda. Al aislar sus componentes, descubrieron dos elementos nuevos para la tabla periódica.
Con 26 años, Maria Salomea Skłodowska —su nombre de nacimiento— residía en una modesta buhardilla del Barrio Latino de París mientras completaba sus estudios en la Universidad de la Sorbona.
Curie ya había conseguido resultados académicos extraordinarios. En 1893 se licenció en Física como la mejor estudiante de su promoción y, un año más tarde, culminó sus estudios de Matemáticas con una brillante calificación. Sin embargo, lejos de sentirse satisfecha por lo conseguido, tenía la impresión de que apenas había comenzado su recorrido intelectual.
Ha quedado cómo un emblema para el género femenino que siente, piensa y hace buenas cosas no solo para sí mismas sino también para todos, sean hombres, niños, jóvenes adultos y personas de géneros, orígenes étnicos.
los momentos más difíciles y dolorosos que tuvo que superar fueron:
1. La pobreza extrema y el hambre en París
Cuando llegó a París en 1891 para estudiar en la Sorbona, sus recursos eran mínimos. Vivía en una buhardilla miserable que se congelaba en invierno. Hubo períodos en los que pasó meses alimentándose únicamente de pan con té y algún rábano, lo que le provocó desmayos frecuentes por anemia. A pesar de la debilidad física, su obsesión por aprender la mantenía en la biblioteca hasta que cerraba.
2. Trabajar en un «cobertizo» insalubre
Cuando comenzó a investigar la radiactividad junto a Pierre Curie, no tenían un laboratorio real. Tuvieron que instalarse en un antiguo cobertizo de la Escuela de Física: un lugar sin aislamiento, sofocante en verano, helado en invierno y con una humedad terrible.
Allí pasaron años removiendo manualmente pesadas ollas de hasta 20 kilos de pechblenda (el mineral de donde extraían el radio). Ese espacio mal ventilado concentraba los gases radiactivos que, sin saberlo, estaban destruyendo su salud bit a bit.
3. La trágica muerte de su esposo Pierre Curie (1906)
En abril de 1906, cuando Marie estaba en la cumbre de su carrera y su vida familiar parecía estable, la tragedia la golpeó con fuerza. Pierre Curie, debilitado y con dolores óseos crónicos por la radiación, resbaló en una calle de París bajo la lluvia y fue atropellado por un carro de caballos de seis toneladas. Murió en el acto al ser aplastada su cabeza por una de las ruedas.
Marie quedó devastada. Sus diarios de esa época reflejan lo que le tocó vivir
Iñaki Fernández Bogado
Todos en el planeta alguna vez hemos nacido, nos revisaron, asearon y pusieron en manos de nuestros padres para luego ser presentados en sociedad a la familia y seres queridos de la misma. Con el tiempo y al conocer nuestros entornos, ambientes de convivencia diaria, responsabilidades y compromisos, empiezan a desarrollarse los quehaceres o hechos que definen lo qué y cómo somos y seremos en la vida.
El viaje más importante que nos toca viajar para sentir, pensar y hacer lo que debemos para que la travesía sea cómoda y vaya en orden en lo posible. Para tener claro el destino de nuestras vidas y cómo debemos vivirla tomamos referencias de otros que han tenido desafíos importantes y han dejado hallazgos, trabajos importantes y reflexiones no solo para personas de su época sino para toda la humanidad.
Una de esas personas fue la científica polaca Marie Curie (1867-1934), ella fue una de las científicas más importantes de la historia. Sus investigaciones no solo revolucionaron la física y la química, sino que abrieron las puertas a la medicina moderna y al estudio de la estructura atómica.
Le tocó vivir una de las épocas más complejas en el mundo, un periodo en que el planeta tuvo mucho ruido, desorden, heridos, muertos, una depresión profunda y un dolor asfixiante. Se refugió por completo en el trabajo y asumió la cátedra de Pierre en la Sorbona, convirtiéndose en la primera mujer en dar clases en esa universidad, aunque el dolor la acompañó el resto de su vida. Una figura singular esta polaca universal.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
