miércoles, septiembre 30

PREOCUPACIÓN Y VIDA

La preocupación es el dicho de algo que ha ocurrido o va a ocurrir: Habitualmente produce intranquilidad, temor, angustia o inquietud e incomoda al preocupado o su entorno que puede terminar preocupándose de la persona que esté a su lado con pensamientos o sentimientos determinados que le generen consternación. Algo natural no solo para los padres o responsables de personas, cosas o  actividades específicas para las mismas, sino toda persona lo experimentamos con regularidad cuando estamos ocupados en lo que sea. 

El filósofo alemán del siglo XVIII Immanuel Kant (1724–1804)  decía al respecto; «Cuanto más ocupados o preocupados estemos, más agudamente sentimos que vivimos», y el vivir agudamente significa experimentar la existencia con plena presencia, lucidez y atención despierta, en contraposición a dejar pasar los días por inercia, rutina o automatismo, algo que “sin querer queriendo”.

Y ocurre hoy día no solo en Paraguay sino en varios puntos del planeta, donde la población estamos ocupadas en lo que sea para,  por nosotros y/o otras personas que también estemos ocupadas y preocupadas por nuestras ocupaciones, empleo o lo que tenga nuestra concentración. Desafortunadamente también vamos perdiendo no solo los niños sino las personas mayores de edad que quieren volver a ser jóvenes y para eso se concentran quizá demasiado en su salud estética haciéndose de accesorios, dispositivos electrónicos que si no los domamos terminan por gobernar o controlar nuestras vidas haciéndonos consumir cosas innecesarias o llevándonos a hacer lo que no querramos, sintamos o pensemos sobre lo que sea.

Mirar la relevancia

Kant fue uno de los pensadores más influyentes de la Ilustración y de la historia de la filosofía occidental. Su objetivo principal fue resolver la gran disputa de su época entre el racionalismo (que afirmaba que la razón pura es la fuente del conocimiento) y el empirismo (que sostiene que solo aprendemos a través de la experiencia sensorial). 

También llevó a cabo lo que él mismo llamó un «giro copernicano» en la filosofía: en lugar de preguntarse cómo nuestra mente se adapta a los objetos del mundo, propuso que son los objetos los que deben adaptarse a la estructura de nuestra mente para que podamos conocerlos y utilizarlos para lo que fueron diseñados y construídos sin que nos hagan ocuparnos y preocuparnos mucho por como luzcan o funcionen, que es secundario o irrelevante si funcionan para llegar a los objetivos que tengamos en nuestras vidas. 

Vale la pena preocuparnos de lo que nos preocupa.