El panóptico es originalmente un diseño arquitectónico para prisiones concebido por el filósofo utilitarista inglés Jeremy Bentham a finales del siglo XVIII. Su objetivo era permitir que un solo vigilante pudiera observar a todos los prisioneros sin que estos pudieran saber si estaban siendo observados o no, se volvió mundialmente famoso gracias al filósofo francés Michel Foucault, quien lo utilizó en su libro Vigilar y castigar (1975) como una metáfora del control social y del funcionamiento de las sociedades modernas.
¿Cuántas veces ha pensado demasiado antes de publicar algo en redes? A veces no hace falta que alguien nos vigile: solo basta con imaginar que alguien podría estar mirando.
Esa es la fuerza del panóptico: una cárcel invisible donde aprendemos a corregirnos, editarnos y posar antes incluso de actuar.
Bentham imaginó una prisión circular con una torre en el centro. Foucault tomó esa imagen para explicar cómo funciona el poder moderno: observar, medir, clasificar y normalizar.
Vivimos más controlados que nunca
Hoy esa torre también puede estar en el teléfono. Aunque no crea, lo más importante de usted que no es cómo luce, cómo o lo que comunica, sino su información personal ya es pública una vez es propagada en la red internacional, cuidamos lo que subimos, cómo aparecemos, cómo nos leerán. Y entonces aparece la gran pregunta: ¿Cuánto de lo que haces en redes nace realmente de ti y cuánto nace de sentirse observado?, el panóptico de la era de la información funciona bajo dinámicas completamente distintas:
- Vigilancia voluntaria y seductora: En la cárcel de Bentham, nadie quería estar allí. En el internet moderno, nosotros compramos los dispositivos de vigilancia, los cargamos en el bolsillo y pagamos planes de datos para asegurarnos de estar siempre conectados. Entregamos nuestros datos (ubicación, ritmo cardíaco, pensamientos, preferencias de compra) a cambio de comodidad, entretenimiento y conexión.
- La ilusión de la libertad: No sentimos los muros. Creemos que estamos navegando libremente, pero cada algoritmo de recomendación, cada feed de red social y cada burbuja de filtro moldea invisiblemente lo que vemos, pensamos y consumimos.
- El paso del control a la psicopolítica: Filósofos contemporáneos como Byung-Chul Han señalan que ya no sufrimos una vigilancia puramente externa u opresiva (biopolítica). Hoy el poder opera de forma seductora: el sujeto digital se explota a sí mismo y se expone voluntariamente. El «Me gusta», el compartir y el publicar son las herramientas con las que construimos nuestra propia celda de visibilidad total.
- El guardián es invisible (y masivo): Ya no hay un solo vigilante en la torre. El rol del guardia lo ocupan los algoritmos de las grandes corporaciones tecnológicas, las agencias de inteligencia estatal y, de manera muy destructiva, los propios usuarios. Nos vigilamos y juzgamos los unos a los otros a través de la cultura de la cancelación y la validación social.
Por eso debemos tener cuidado en relación a lo que queremos hacer público de nuestra vida y la de otras personas, evitar alardear o presumir mucho de lo que tengamos, donde fuimos o con quienes estuvimos, pensar antes de actuar, transmitir o comunicar lo que sea que pensemos o sintamos debe ser la actitud que adoptemos para nuestra seguridad, ya no solo en nuestro barrio, ciudad o país sino ya en el continente y región del planeta, que ya ha dejado de ser la esfera más grande del universo desde que la red internacional se abrió para todos en la tierra. Mucho cuidado por lo tanto en lo que comunicamos hacia afuera.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
