miércoles, agosto 26

LLAMADAS DE ATENCIÓN ACTUALES

Una llamada de atención es un aviso, llamado de advertencia o reprimenda que se le hace a una persona para señalar una falta, un incumplimiento o una conducta inadecuada, con el fin de que modifique su comportamiento y no vuelva a repetir el error donde y cuando sea. Es habitual que exista desde nuestra concepción hasta el final de nuestras vidas. 

Según el escritor y periodista español Arturo Pérez Reverte; «Ponerse en manos de la electricidad y la tecnología para todo nos hace tan vulnerables como nunca lo hemos sido». El escritor y académico de la RAE alerta sobre la extrema vulnerabilidad de Occidente ante un colapso tecnológico.

Antes de dedicarse por completo a la literatura, Reverte ejerció el periodismo durante más de dos décadas en prensa escrita, radio y televisión (destacando su labor en Televisión Española, TVE). Especializado en conflictos armados, cubrió como corresponsal de guerra más de una docena de conflictos bélicos internacionales, entre ellos:

  • La Guerra de Chipre.

  • La Guerra de las Malvinas.

  • La Guerra del Golfo.

  • Las Guerras de Yugoslavia (conflicto que marcó profundamente su posterior obra literaria).

Esperemos que su llamada de atención no sea necesaria tener en cuenta nunca porque solo imagine las consecuencias de sufrir un colapso en el funcionamiento de la red internacional en un planeta donde estamos 24/7 “conectados más tiempo quizás con nuestros dispositivos que el uno con el otro.

Aprender de sus debilidades

Esta afirmación o “llamada de atención” reflexiona sobre la paradoja de la dependencia tecnológica: cuánto más avanzados, eficientes y cómodos son los sistemas que creamos, más frágiles nos volvemos cuando estos sistemas fallan.

El análisis del concepto se articula en varios niveles:

1. La pérdida de autonomía e infraestructura básica

Históricamente, el ser humano mantenía un grado directo de control sobre sus necesidades primarias (saber conservar alimentos, orientarse, buscar agua o fuego). Hoy, la electricidad no es un servicio más, sino la capa base sobre la que opera casi la totalidad de la vida moderna:

  • Servicios esenciales interconectados: El suministro de agua potable, las telecomunicaciones, la cadena de distribución de alimentos, la banca y los sistemas de salud (hospitales, medicamentos) dependen 100% de la red eléctrica y de servidores de datos.

  • El efecto cascada: Si se interrumpe la energía o la red global durante un tiempo prolongado, no solo nos quedamos a oscuras; se paraliza la capacidad operativa de la sociedad en cuestión de horas.

2. La atrofia de las capacidades cognitivas y prácticas

A nivel individual, delegar «todo» en la tecnología genera una suerte de amnesia de habilidades:

  • Orientación y memoria: Al confiar el rumbo al GPS o la información a los motores de búsqueda, el cerebro deja de ejercitar circuitos de navegación espacial o de retención de datos.

  • Sobrevivencia análoga: La gran mayoría de la población urbana actual carece del conocimiento práctico para resolver problemas cotidianos si no cuenta con una pantalla, una aplicación o acceso a la red.

Cubrirse las espaldas

La llamada de atención no es necesariamente un llamado al rechazo de la tecnología, sino una advertencia sobre la asimetría del progreso: hemos ganado velocidad, eficiencia y confort a cambio de entregar nuestra autonomía operativa. Nos hemos vuelto una civilización extremadamente potente mientras el sistema funciona, pero ineditamente indefensa si la red se apaga. 

Si la red dejara de funcionar por varios días o semanas, los riesgos y consecuencias se desplegarían en una reacción en cadena muy concreta:

1. Parálisis económica e interrupción del sistema financiero

La economía moderna no funciona con dinero físico circulante, sino con datos en tránsito.

  • Colapso de los pagos y la banca: Las tarjetas de crédito, débito, transferencias bancarias y plataformas de pago digital dejarían de operar instantáneamente. Los cajeros automáticos se quedarían sin conexión.

  • Freno al comercio internacional: Las bolsas de valores mundiales tendrían que suspender operaciones. Los contratos, liquidaciones de divisas y operaciones de importación/exportación quedarían congelados.

  • Cierre del comercio minorista: Supermercados y tiendas no podrían procesar cobros electrónicos ni gestionar inventarios.

2. Quiebre de las cadenas de suministro y desabastecimiento

El comercio global utiliza el sistema Just-in-Time (justo a tiempo), que depende al 100% de la conectividad en tiempo real para coordinar la logística.

  • Parálisis del transporte: Los puertos contenedores no podrían coordinar la carga ni descarga de buques. El tráfico aéreo sufriendo cancelaciones masivas al no poder procesar datos de vuelo, radares interconectados y logística de pasajeros.

  • Desabastecimiento en 48-72 horas: Al no poder coordinar la distribución de camiones, las estanterías de supermercados y farmacias comienzan a vaciarse rápidamente de alimentos frescos, agua embotellada y medicamentos esenciales.

3. Riesgo para la salud pública y servicios de emergencia

Los sistemas sanitarios modernos están profundamente integrados a la red.

  • Hospitales desconectados: Se perdería el acceso a expedientes médicos digitales, resultados de laboratorio centralizados y prescripciones de medicamentos.

  • Falta de suministros e insumos: El reabastecimiento de oxígeno, medicamentos críticos (como la insulina) y piezas para equipos de terapia intensiva quedaría bloqueado.

  • Llamadas de emergencia: Los sistemas de respuesta unificada (como el 911) sufrirían colapsos por fallas en la telefonía IP y la geolocalización.

4. Compromiso de las infraestructuras básicas (Agua y Energía)

Aunque la generación de luz o el bombeo de agua son procesos físicos, su gestión y distribución dependen de redes SCADA e infraestructuras digitales interconectadas.

  • Redes eléctricas: La falta de comunicación entre centrales hidroeléctricas, térmicas y subestaciones de distribución dificultará el balanceo de la red, provocando apagones eléctricos secundarios.

  • Distribución de agua: Las plantas de tratamiento y bombeo automático de agua potable en las ciudades podrían sufrir desconfiguraciones y detenciones operativas.

Por esto debemos tener en cuenta lo que realmente nos podría servir en caso de tener emergencias, urgencias o accidentes desagradables que puedan ser solucionados o respondidos efectivamente no por la virtualidad sino la realidad que tuvo desde siempre métodos y formas eficaces para arreglar cualquier tipo de inconvenientes que tengamos. Vale la pena tomar los recaudos.