El divorcio es el procedimiento legal mediante el cual se disuelve formalmente el vínculo matrimonial. A diferencia de la separación física, el divorcio extingue la condición jurídica de cónyuges, dejando a ambas personas en plena libertad legal para contraer un nuevo matrimonio.
El aumento sostenido en las tasas de divorcio de un país no es un fenómeno aislado ni necesariamente «bueno» o «malo» por sí solo; en sociología, economía y demografía se interpreta como un indicador de profundas transformaciones sociales, culturales, económicas y legales en una población determinada. La idea de que el divorcio es algo «malo» o un «fracaso» no surge por casualidad, sino que responde a razones profundamente arraigadas en la historia, la religión, la psicología y la economía
En Paraguay se registran aproximadamente entre 1.000 y 5.700 divorcios anuales dependiendo de la fuente institucional. El Registro del Estado Civil reportó cerca de 1.000 soluciones legales frente a 17.357 matrimonios, mientras que la Corte Suprema de Justicia registró más de 5.700 divorcios en un año y más de 7.300 nuevas demandas judiciales anualmente.
Todavía no tuve la oportunidad de entrar en un matrimonio con alguien o volver a un noviazgo con otra persona desde que se dio el fallecimiento de mi pareja años atrás. El divorcio rara vez es solo un trámite legal; en la práctica, representa una de las experiencias más complejas y estresantes que puede atravesar una persona.
En las escalas de reajuste social (como la famosa escala de estrés de Holmes y Rahe), el divorcio ocupa el segundo lugar entre los eventos más traumáticos de la vida, solo por detrás de la muerte de un cónyuge. que representa “la otra mitad” para algunos, y para otras personas ya se ha vuelto algo aceptable y normal.
Un hecho traumático
El divorcio no tuvo una única fecha ni un solo inventor; no fue creado por una persona en particular, sino que surgió de forma progresiva en las primeras civilizaciones de la antigüedad como una figura legal y social para regular la separación de las parejas. El registro legal más antiguo sobre el divorcio se encuentra en el Código de Hammurabi (en la antigua Mesopotamia, actual Irak) en A. Mesopotamia (Hacia el año 1750 a. C.), y Egipto fue una de las civilizaciones más avanzadas en derechos civiles para la mujer en la antigüedad.
El matrimonio era un contrato privado y el divorcio era completamente legal, común y carente de estigma social. Cualquiera de los dos cónyuges podía solicitarlo, y solía incluir compensaciones económicas o la devolución de los bienes aportados al hogar. En Roma, el divorcio (divortium) era una práctica habitual y legalmente muy accesible, especialmente hacia el final de la República y durante el Imperio.
Ahora y por los datos expuestos más arriba estamos volviendo a eso quizá por carecer de la capacidad de iniciar y sostener compromisos no solo el uno con el otro sino con el empleo, los estudios o cualquier responsabilidad o deber que tengamos que cumplir. Las personas no solo nos divorciamos, renunciamos, dejamos de seguir la carrera universitaria simplemente porque no nos gusta o porque llegó ese momento triste en el que decimos “opa el amor” (terminó el amor en guaraní), cómo si el vínculo de una persona con otra sea algo irrelevante, superfluo o innecesario sino por razones a veces mas complejas que vale la pena profundizar.
Decir que el divorcio es un «peligro para la sociedad» es una postura que surge principalmente desde sectores del conservadurismo social, la sociología tradicional y la teología moral. El divorcio no se analiza solo como la ruptura de un contrato entre dos adultos, sino como un evento que, al multiplicarse masivamente, deconstruye el tejido social e institucional de una comunidad. Cuando se habla de la destrucción del tejido social e institucional, los sociólogos y politólogos se refieren al quiebre de los dos pilares que sostienen a cualquier comunidad: la confianza interpersonal (el tejido social) y la legitimidad de las reglas de juego (las instituciones). Cuando estos pilares se desmoronan a gran escala, la sociedad entra en un estado de anomia o desintegración que conlleva riesgos severos a nivel político, económico y humano en cualquier país
Las razones más habituales por las cuales las parejas deciden divorciarse se pueden agrupar en varios factores clave como:
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Falta de Comunicación y Distanciamiento Afectivo
2. Incompatibilidad de Vida y Expectativas Diferentes
3. Problemas y Estrés Financiero
4. Infidelidad y Pérdida de Confianza
5. Desequilibrio en la Carga Mental y Doméstica
6. Conflictos Severos: Violencia y Adicciones
Cómo una comunidad debemos tener en cuenta que cualquier divorcio trae consigo riesgos cómo;
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Debilitar la Institución Familiar como Núcleo de la Sociedad
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Sobrecargar al Estado cómo un efecto económico y de bienestar
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Cuando se Convierte en un Problema de Salud Pública o Salud Mental
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Cuando fomenta la «Cultura de lo Desechable» (Tesis del Individualismo Extremo)
Evitar un divorcio no consiste simplemente en «aguantar» o evitar las discusiones, sino en trabajar activamente en la salud del vínculo para que la relación siga siendo un lugar de refugio, crecimiento y bienestar para quienes la integran, cuando son identificadas las molestias o lo que dañe la relación, debemos encontrar un momento y lugar para dialogar con la pareja y no decidir “terminar por terminar nomás” . Porque cualquier relación de noviazgo o matrimonio también es una institución social importante no solo para los que la formemos sino para nuestras familias y para quienes seamos un ejemplo de vida
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Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
