lunes, septiembre 14

El petróleo supera los US$ 100 y el riesgo energético vuelve a crecer

Nuevos ataques contra buques y una interrupción petrolera saudí aumentan el riesgo de menor oferta, precios elevados e inflación global.

Un nuevo reporte de ataque contra un buque en el estrecho de Ormuz elevó este domingo la preocupación por el suministro mundial de petróleo. El episodio ocurre un día después del cierre del oleoducto saudí East-West tras un ataque con drones, mientras el crudo Brent permanece por encima de US$ 100 por barril y crece la presión sobre los mercados energéticos.

¿Qué ocurrió nuevamente en el estrecho de Ormuz?

La tensión volvió a aumentar este domingo luego de que la agencia británica UK Maritime Trade Operations (UKMTO) recibiera un reporte sobre un proyectil que habría impactado contra un buque mientras navegaba por el estrecho de Ormuz. El incidente se suma a una serie de ataques contra embarcaciones registrados durante los últimos días y vuelve a colocar la seguridad de esta ruta marítima en el centro de la atención de los mercados.

El estrecho conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una de las principales rutas de transporte energético del mundo. La importancia económica del corredor radica en que cualquier interrupción prolongada puede limitar el movimiento de petróleo y productos derivados hacia los mercados internacionales.

La situación ocurre además en un contexto de menor tránsito marítimo. Reuters reportó que durante los diez días anteriores al 6 de septiembre transitaron por Ormuz un promedio de apenas 10 buques de commodities por día, el nivel más bajo desde mayo.

El nuevo incidente, por tanto, no constituye un hecho aislado. Se produce sobre una ruta que ya opera bajo fuertes restricciones y con elevados niveles de riesgo para los transportistas.

¿Por qué Ormuz es tan importante para el mercado energético?

La relevancia del estrecho se explica por su posición dentro de la infraestructura mundial de transporte de hidrocarburos. Antes de la escalada actual, el corredor concentraba un volumen equivalente a una parte sustancial del consumo global de petróleo. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estimó que en 2018 atravesaban Ormuz unos 21 millones de barriles diarios, equivalentes aproximadamente al 21% del consumo mundial de líquidos petroleros.

La situación actual ya redujo significativamente esos flujos. El último informe de la Agencia Internacional de Energía (IEA) señala que los embarques de petróleo a través de Ormuz habían caído a 7,6 millones de barriles diarios en agosto, mientras las exportaciones que utilizan rutas alternativas también disminuyeron.

Esto convierte al estrecho en un punto crítico para la formación de precios. Cuando disminuye el volumen disponible para los compradores internacionales, los mercados comienzan a incorporar una prima de riesgo asociada a la posibilidad de una interrupción más prolongada.

El mecanismo es directo: menor oferta disponible frente a una demanda que no puede ajustarse inmediatamente genera presión alcista sobre el precio. Ese incremento posteriormente puede trasladarse a combustibles, transporte, producción industrial y alimentos.

¿Qué ocurrió con el petróleo de Arabia Saudita?

La preocupación aumentó por otro frente. Arabia Saudita cerró su oleoducto East-West después de que la infraestructura fuera alcanzada por un ataque aéreo. La instalación permite transportar crudo hacia el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando el paso por Ormuz.

Reuters informó que el oleoducto puede movilizar alrededor de 4 millones de barriles diarios, equivalentes a aproximadamente 4% de la oferta mundial de petróleo. Si la interrupción se prolonga, la capacidad de Arabia Saudita para mantener sus exportaciones podría verse afectada por la disponibilidad limitada de almacenamiento en las terminales alternativas.

El problema adquiere mayor dimensión porque la infraestructura alternativa fue diseñada precisamente para reducir la exposición saudí al estrecho. Si esa vía también queda temporalmente fuera de servicio, disminuyen las opciones disponibles para sacar crudo hacia los mercados internacionales sin utilizar Ormuz.

La IEA ya anticipó un escenario de oferta global considerablemente más ajustado. En su informe de septiembre, proyectó que la producción mundial de petróleo disminuirá 5,7 millones de barriles diarios en 2026, mientras la demanda también se contraerá debido a los precios elevados y al impacto económico de la crisis.

¿Cómo están reaccionando los precios internacionales?

El mercado ya incorporó parte de este riesgo. El petróleo Brent y el crudo estadounidense superaron los US$ 100 por barril durante la semana, mientras el Brent se encaminaba a registrar una ganancia semanal superior al 8%.

El aumento no responde únicamente al último ataque. Los precios reflejan una combinación de interrupciones en la producción, dificultades para transportar crudo, menor circulación de buques y expectativas de que la crisis pueda prolongarse.

También existe presión sobre los derivados. En Estados Unidos, el precio promedio nacional del diésel superó por primera vez los US$ 6 por galón, un indicador de cómo la tensión sobre el crudo y los productos refinados empieza a transmitirse a otros segmentos del mercado energético.

La IEA, por su parte, estima que los inventarios mundiales de petróleo se han convertido en un elemento clave para compensar parcialmente la caída de la oferta. Sin embargo, mientras más tiempo persistan las restricciones, mayor será la presión sobre esas reservas y sobre los precios.

¿Qué significa esta crisis para la economía mundial?

El primer impacto es energético, pero el efecto económico puede extenderse a prácticamente toda la cadena productiva. Un petróleo más caro incrementa los costos de transporte terrestre, marítimo y aéreo, además de elevar los costos de producción de industrias intensivas en energía.

El segundo canal es la inflación. Las empresas enfrentan mayores costos de combustibles y logística y pueden trasladar una parte de esos incrementos a los precios finales. Esto complica el trabajo de los bancos centrales, especialmente si el shock energético coincide con una economía que ya enfrenta restricciones de oferta.

La IEA redujo su previsión de demanda mundial para 2026 en 2,5 millones de barriles diarios, hasta unos 102,45 millones de barriles diarios, debido en parte al impacto de los precios y las disrupciones asociadas al conflicto.

El riesgo, por tanto, no consiste solamente en que el petróleo permanezca caro. Una crisis energética prolongada puede deteriorar el crecimiento económico, aumentar la inflación y elevar la incertidumbre para las decisiones de inversión.

¿Cómo puede afectar a Paraguay?

Paraguay no produce petróleo en volúmenes comerciales y depende de las importaciones de combustibles para abastecer su mercado. Por eso, un aumento sostenido del precio internacional puede trasladarse a los costos internos mediante la cadena de importación y distribución.

Los datos del Banco Central del Paraguay (BCP) muestran que entre enero y marzo de 2026 las importaciones de gasoil alcanzaron US$ 304,3 millones, un aumento de 17,8% respecto al mismo período de 2025. En volumen, las compras crecieron 17,7%. En el caso de la nafta, las importaciones sumaron US$ 128 millones, con un incremento de 4,3% en valor.

La exposición también aparece en las estadísticas generales de comercio exterior. A julio de 2026, las importaciones registradas de combustibles y lubricantes alcanzaron US$ 1.265,3 millones, un aumento de 24% frente al mismo período de 2025.

Esto significa que una escalada adicional del petróleo podría generar presión sobre la balanza comercial, los costos de transporte y la estructura de precios internos. El efecto final dependerá de la duración de la crisis, de los precios internacionales y de la capacidad de los importadores para absorber parte del aumento.

¿Qué sectores paraguayos podrían sentir primero el impacto?

El transporte sería uno de los principales canales de transmisión. Un aumento sostenido del diésel puede elevar los costos de movilización de productos agrícolas, industriales y comerciales, especialmente en una economía con una fuerte dependencia del transporte terrestre.

El impacto también puede extenderse al sector agropecuario. Paraguay es un importante exportador de productos agrícolas y necesita combustible para maquinaria, transporte de granos, almacenamiento y logística. Un aumento del costo energético puede reducir márgenes o trasladarse parcialmente a los precios.

La industria y el comercio también quedarían expuestos. Los mayores costos logísticos pueden afectar la competitividad de empresas que dependen de insumos importados o necesitan transportar mercancías hacia mercados regionales.

Por ello, el shock energético tiene una dimensión de competitividad. Mientras países productores pueden beneficiarse parcialmente de mayores ingresos petroleros, los importadores enfrentan principalmente el aumento de sus costos.

¿Qué puede pasar con el petróleo si la tensión continúa?

El mercado se encuentra ante un escenario condicionado por la duración de las interrupciones. Si los ataques disminuyen y se recupera el tránsito por Ormuz, parte de la prima de riesgo podría desaparecer rápidamente. Si ocurre lo contrario, la presión sobre la oferta y los inventarios aumentaría.

La IEA ya proyecta una caída de 5,7 millones de barriles diarios en la oferta mundial durante 2026 y advierte que la recuperación de los flujos del Golfo se desplazaría hacia 2027.

El elemento determinante será la capacidad de mantener rutas alternativas, reparar infraestructura energética y garantizar la navegación comercial. También será clave la evolución de las negociaciones diplomáticas relacionadas con la seguridad del estrecho.

Para Paraguay, el principal riesgo económico está en una combinación de petróleo caro, mayores costos logísticos e inflación importada. La evolución de Ormuz, por tanto, no es únicamente un asunto geopolítico: puede terminar influyendo en combustibles, transporte, producción y competitividad dentro del mercado paraguayo.

¿Qué perspectivas enfrenta el mercado energético?

Los próximos días serán determinantes para establecer si los nuevos ataques representan una escalada puntual o una nueva etapa de interrupciones prolongadas. Mientras tanto, los mercados continuarán valorando el riesgo de menores suministros y mayores costos de transporte.

La situación deja al descubierto la importancia estratégica de diversificar rutas, mantener reservas y reducir la vulnerabilidad de las cadenas de suministro ante interrupciones geopolíticas. Para las economías importadoras de energía, la gestión del riesgo energético vuelve a ocupar un lugar central en la política económica.

En Paraguay, la evolución del precio internacional del crudo deberá seguirse especialmente por su impacto potencial sobre las importaciones de combustibles, los costos de transporte y la inflación. El BCP y el Ministerio de Industria y Comercio cuentan con indicadores para monitorear la evolución de las importaciones y del mercado de combustibles.