La historia no es solo una lista de nombres de reyes y fechas de batallas que hay que memorizar; es, en esencia, el manual de instrucciones de la humanidad. sin ella, seríamos como una persona que pierde la memoria cada mañana: no sabría quién es, de dónde viene, ni por qué vive donde vive. por eso es clave que entienda y “consuma” no solo cosas inmediatas en las redes sociales y en la misma red internacional, sino atrévase a profundizar en libros, películas, documentales, charlas o debates sobre la historia de lo que le importe conocer más.
Ahora la historiadora estadounidense Anne Applebaum concluye que; «a partir de ahora, en Washington, todo tiene un precio, incluso la política exterior está en venta». La ensayista estadounidense subraya la magnitud de la corrupción que está rampante en la Casa Blanca. para ella, Donald Trump busca construir un estado cleptócrata, o un sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos. Applebaum es historiadora y periodista, investigadora en estudios internacionales en la universidad Johns Hopkins en Maryland y colaboradora de the Atlantic. Fue fundada como the Atlantic Monthly en 1857 en Boston. su sede se encuentra en Washington d. c., es una revista literaria y cultural creada por un grupo de escritores de los EE.UU el importante país americano desde siempre por su dimensión, demografía, economía y producción cultural y científica para sí mismos y el mundo.
La palabra cleptocracia es un neologismo (un término creado recientemente a partir de lenguas antiguas) compuesto por:
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Kleptēs (κλέπτης): Sustantivo que significa «ladrón». Esta raíz deriva del verbo kléptein (κλέπτειν), que significa «robar», «esconder» o «actuar con disimulo».
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-kratía (-κρατία): Sufijo derivado de kratos (κράτος), que significa «fuerza», «poder» o «dominio».
Traducción literal: «El poder del robo» o «El gobierno de los ladrones»
Un gobierno de ladrones
Applebaum sostiene que la democracia estadounidense está sufriendo una «erosión sutil» impulsada por los siguientes factores:
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Conflictos de interés normalizados
Applebaum señala que, históricamente, los presidentes y altos funcionarios de EE. UU. evitaban conflictos de interés para mantener la confianza pública. Sin embargo, argumenta que en años recientes (especialmente durante y después de la presidencia de Donald Trump), estos conflictos se han vuelto públicos y, en algunos casos, se celebran. El uso de cargos públicos para beneficio personal o familiar es, para ella, la esencia de la cleptocracia.
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El sistema financiero como refugio de dinero sucio
Una de sus críticas más fuertes es hacia el propio sistema legal estadounidense. Applebaum explica que EE. UU. (y específicamente estados como Delaware o Dakota del Sur) permite la creación de empresas fantasma anónimas.
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Estas estructuras permiten que dictadores y corruptos de todo el mundo esconden su dinero en bienes raíces de lujo en Nueva York o Miami.
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Al permitir esto, EE. UU. no solo facilita la cleptocracia extranjera, sino que permite que esas mismas prácticas de opacidad se instalen en su propia economía.
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La «Transaccionalidad» de la política
Para Applebaum, las autocracias modernas no se mueven por ideología (comunismo vs. capitalismo), sino por negocios. Ella observa que una parte de la clase política estadounidense ha adoptado esta mentalidad: las decisiones políticas (aranceles, leyes, favores diplomáticos) ya no se toman por el «bien común», sino como transacciones para beneficiar a aliados financieros o castigar a enemigos.
Este es un fallo preocupante del país americano del norte que ha servido de ejemplo para muchas naciones en el mundo por su orden y capacidad de llevar adelante proyectos colectivos en armonía y sin complicaciones cómo la corrupción, el robo o actitudes que no se adecuan con personas que trabajan para servir bien al contribuyente. El que estará siempre cómodo en seguir contribuyendo a un estado serio y responsable en y con su deber de trabajar bien para el ciudadano que habite un país que funcione con estados que no andan con inteligencia artificial, sino con y a través de seres humanos que poseen mentes con la capacidad de sentir y meditar en relación al estado de su nación y lo que demande su población.
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Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
