El crecimiento de la infraestructura paraguaya no se mide solamente por la cantidad de obras que se ejecutan. También pone a prueba la capacidad de las empresas para responder a proyectos cada vez más complejos, cumplir compromisos y sostener estándares de calidad en un sector donde las decisiones de hoy pueden definir el desarrollo del país durante décadas.
Ese es uno de los principales desafíos planteados por Paul Sarubbi, presidente de la Cámara Vial Paraguaya (Cavialpa) y de Tecnoedil, quien destacó la evolución de las empresas nacionales y la necesidad de que el crecimiento de la industria esté acompañado por calidad y ética.
Sus declaraciones se producen a pocos días de la Gran Gala del Top de Marcas de la Construcción, prevista para el 17 de septiembre en la Sala de Convenciones del Banco Central del Paraguay, donde se reunirán empresarios, profesionales, proveedores y autoridades vinculadas al sector.
Para Sarubbi, el reconocimiento de las marcas y empresas no debería quedar reducido a una premiación. La importancia, sostuvo, está en que el mercado pueda identificar a las compañías que cumplen sus compromisos y desarrollan sus proyectos bajo determinados estándares.
Más que construir
“Los que trabajamos en el rubro de la construcción siempre tratamos de mejorar, superarnos para realizar los proyectos con calidad”, afirmó Sarubbi.
El planteamiento adquiere relevancia en un país que necesita ampliar y modernizar su infraestructura para sostener el crecimiento económico. Carreteras, puentes, sistemas logísticos y otras obras requieren inversiones de largo plazo y, al mismo tiempo, una capacidad empresarial que permita ejecutar proyectos con mayores exigencias técnicas.
Pero el desafío no termina cuando una obra queda inaugurada.
Una infraestructura deficiente puede generar mayores costos de mantenimiento, reducir su vida útil y terminar trasladando el costo a las administraciones públicas y a los usuarios. Por eso, la discusión sobre calidad no es solamente técnica: también tiene una dimensión económica.
Sarubbi sostuvo que el objetivo final de la construcción debe ser mejorar las condiciones de vida de la población y contribuir al desarrollo económico.
“Lo más importante es que sea reconocido el fin fundamental del sector de la construcción y la inversión en infraestructura, que es mejorar la calidad de vida de la gente y apuntar al desarrollo económico del país”, señaló.
Empresas bajo presión
La expansión de los proyectos también modificó el perfil de las empresas paraguayas. Sarubbi considera que en los últimos 29 años el país experimentó un crecimiento significativo y que las compañías locales hoy están en condiciones de asumir obras de mayor escala.
“El país creció muchísimo en los últimos 29 años y cada vez hay más obras de infraestructura muy importantes y empresas que están a la altura de esos desafíos”, expresó.
El crecimiento, sin embargo, implica una exigencia adicional. A medida que aumentan el tamaño y la complejidad de los contratos, también crece la responsabilidad de las empresas que participan de ellos.
La capacidad técnica debe convivir con planificación, gestión financiera, cumplimiento de plazos y transparencia. En un mercado donde los proyectos pueden involucrar importantes recursos públicos y privados, la confianza se convierte en un componente central.
En ese punto, Sarubbi vinculó los reconocimientos del sector con la reputación empresarial. Para el titular de Cavialpa, que una compañía sea reconocida implica también una valoración de su trayectoria y de la forma en que responde ante clientes y socios comerciales.
El costo de fallar
La infraestructura tiene una particularidad que la diferencia de otros sectores: sus errores pueden permanecer durante años.
Una decisión equivocada en el diseño, la ejecución o el mantenimiento de una obra no necesariamente queda limitada a una empresa. Puede afectar la movilidad, la actividad productiva, la logística y el acceso de la población a servicios.
Por eso, el debate sobre el desarrollo de la construcción paraguaya debería incorporar una pregunta que va más allá de quién construye o cuánto se invierte: qué calidad de infraestructura está recibiendo el país por cada guaraní destinado a una obra.
La respuesta depende de múltiples factores, entre ellos la calidad de los proyectos, los mecanismos de contratación, la fiscalización y la capacidad de las empresas para cumplir con las condiciones establecidas.
En ese escenario, los reconocimientos empresariales pueden servir como una señal de reputación, pero no sustituyen la evaluación técnica ni los controles que deben acompañar a las inversiones en infraestructura.
Una industria que cambia
El Top de Marcas de la Construcción reúne alrededor de 100 categorías vinculadas con materiales, equipamientos, tecnología, servicios y empresas del sector. La gala también contempla reconocimientos a profesionales y otros actores por su trayectoria y aporte a la industria.
El encuentro llega en un momento en que las empresas paraguayas buscan posicionarse ante una cartera de proyectos que exige mayores capacidades financieras, técnicas y operativas.
Para Cavialpa, esa transformación representa una oportunidad para consolidar una industria nacional con capacidad de asumir nuevos desafíos. Pero el crecimiento también obliga a elevar la vara.
La construcción puede convertirse en un motor de competitividad si las inversiones generan infraestructura que reduzca costos, conecte mercados y mejore la productividad. De lo contrario, una mayor cantidad de obras no necesariamente significará un mayor desarrollo.
El desafío, en definitiva, no consiste solamente en construir más. Consiste en construir mejor, cumplir y lograr que la infraestructura permanezca como un activo para el país y no como un costo futuro.

