El conflicto armado en Colombia es uno de los más largos del mundo y, aunque el histórico Acuerdo de Paz de 2016 con las FARC logró desmovilizar a la guerrilla más grande, la violencia ha persistido debido a dinámicas complejas que se han transformado con el tiempo. Diez años después de un acuerdo de paz histórico, los grupos armados están desatando una violencia mortal, combinando el combate en la selva con la nueva guerra de drones. La cifra oficial del Registro Único de Víctimas (RUV) de la Unidad para las Víctimas del gobierno colombiano ya supera los 10,2 millones de personas afectadas desde que empieza el uso de armas para defender su postura ante quienes o lo que sea.
El combate armado en Colombia ha cambiado drásticamente. Ya no se trata de una guerra entre grandes ejércitos rebeldes con un mando centralizado y el Estado, ni se pelea principalmente por ideales políticos.
Hoy día, el conflicto está altamente fragmentado, es hiper-regional y se mueve por una lógica puramente mafiosa y de control territorial vinculada al narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión. Las estrategias de «Paz Total» del gobierno de Gustavo Petro han intentado establecer ceses al fuego, pero en algunas regiones la violencia se ha recrudecido significativamente, que no ayuda para que exista lo que sirve para convivencia de la población donde y cuando sea, que es la paz
Un territorio conflictivo
El combate armado en Colombia se concentra en regiones periféricas del país, especialmente aquellas que tienen salidas estratégicas al mar, zonas selváticas de difícil acceso o fronteras internacionales. Estas condiciones geográficas facilitan el cultivo de coca, la minería ilegal y el tráfico de armas y drogas. Todo eso representa importantes ingresos para determinados grupos del país sudamericano, que entre sus complicaciones con el narcotráfico y otros dilemas que llevan al uso de armas de fuego para combatir contra lo que o quien sea, ponen en riesgo a cualquier habitante que se encuentre cerca de cualquier combate en particular que se pueden dar en Europa, África, Asia o cualquier punto del mundo, y todo dependerá de la conciencia e intenciones de quien controle cualquier herramienta diseñada y producida no para construir sino para destruir vidas, estados de salud o infraestructuras.
El conflicto armado donde sea no está bien porque son perjudicadas lo más importante en el mundo que son las vidas humanas porque tienen ideas, sentimientos, habilidades, experiencias y conocimientos determinados para lo que sea, sin importar su origen, tendencia política, religión o género sexual. Lo que importa siempre es que sean personas cómo sus parientes, colegas o amigos, que donde y cuando sea son vulnerables a lo que sea, porque no hay nada más frágil en nuestro mundo que la vida humana. Colombia es una dolorosa lección en ese sentido.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
