sábado, junio 13

Canal 9 y la identidad nacional

Por: Bernardo Neri Farina

Es necesario conocer el contexto histórico, económico y social, en el que nació Canal 9 TV Cerro Corá, el nombre original, para dimensionar su importancia en nuestro país.

En 1965 el Paraguay era un país pobre casi en extremo. Estaba dividido en dos partes: Asunción y la campaña. Todo lo que estaba fuera de Asunción era la campaña. La población del país en 1965 era de aproximadamente 2.200.000 habitantes. El 63,8 % vivía en zonas rurales y solo el 36,2 % en zonas urbanas. La alfabetización alcanzaba a alrededor del 70 %. El resto, 30 %, unas 600 mil personas, era población analfabeta.

El PIB per cápita era de solo unos 220 dólares (hoy está en poco más de 9 mil). La producción era agrícola, ganadera y forestal. Prácticamente no existían industrias. Y no podían existir industrias pues carecíamos de energía eléctrica suficiente. Solo contábamos con la obsoleta usina térmica de la ANDE en Sajonia, con una escasa cobertura. Solo el 16 % de la población tenía servicio de energía eléctrica. Ni siquiera Asunción estaba totalmente cubierta con tal servicio.

En muchos barrios asuncenos se alumbraban con lámparas a kerosene y con velas de sebo. Solo las familias acomodadas, que gozaban de la electricidad, tenían heladera o ventilador o tocadiscos. El resto vivía a leña, literalmente.

En 1965 se estaba comenzando a construir la usina hidroeléctrica de Acaray.

Saliendo de Asunción era ya campo abierto y a la noche la luz más refulgente era la de la luna cuando estaba en condición de llena.

Un elemento indispensable para la población, tanto rural como urbana, era la linterna a pilas, que uno debía declarar e inscribir en la comisaría del barrio o del pueblo, pues tras las incursiones guerrilleras de 1960 la linterna pasó a ser un arma de destrucción masiva, más o menos, para aquel régimen de mano dura y sumamente controlador.

Aparatos de radio sí había en buena cantidad, pues la radio era el medio de comunicación más utilizado en todo el territorio nacional. A través de la onda corta, las familias escuchaban a la noche emisoras paraguayas o argentinas. A partir de 1968, más o menos, la muchachada sintonizaría la muy prohibida Radio Moscú, mediante su emisora complementaria llamada Paz y Progreso, que tenía un programa en idioma guaraní, muy crítico al gobierno de Stroessner, conducido por Delicia Villagra-Batoux y luego Félix de Guarania. Si te pillaban escuchando tal programa… amóntema.

En medio de esa pobreza y las dificultades para crecer, en la frontera Este sonaron tambores de guerra. En 1965 Brasil quiso quedarse con el Salto del Guairá, el salto de las siete caídas. La tensión fue terrible. Tropas brasileñas invadieron Puerto Renato, un territorio en litigio, y apresaron al viceministro de Relaciones exteriores. Pedro Godinot de Vilaire, quien, en compañía de otros altos funcionarios, todos con credenciales diplomáticas, fue enviado por el gobierno paraguayo para cerciorarse de la real situación.

Ante el agravamiento de los hechos, intervino el propio gobierno de los Estados Unidos. El presidente Lyndon Johnson envió a su secretario de Estado, Dean Rusk, para exigir al Brasil que llegara a un acuerdo con el Paraguay. Ahí nacería la idea de la negociación que culminaría con el Acta de Foz de Yguazú, de 1966, que sería la base para la construcción de Itaipú, que cambiaría luego el panorama de nuestro país.

Y aparece la televisión

El libro de Hugo Díaz y Rafael Gunsett relata puntillosa y pormenorizadamente los antecedentes cercanos y los detalles de la creación de Canal 9 y las circunstancias que rodearon a su lanzamiento. Solo me toca agregar el contexto nacional, político, económico y social de su aparición para resaltar que aquella no fue una empresa fácil ni un acto de voluntarismo solamente.

Había que bregar con diferentes realidades, entre ellas la pobreza del país, un país cuya población trabajadora disponía de un sueldo mínimo, en 1965, de unos 6.900 guaraníes. Y eso presentaba una pregunta crucial para los fundadores de la televisión paraguaya: cuál sería la audiencia.

Un aparato, un televisor, estaba —por su precio— lejos del alcance de un trabajador, de un empleado. Hacia los años 70, un televisor Philips de 24” (blanco y negro, claro) costaba 27 mil guaraníes. Difícil para una persona que ganaba solo 6.900 guaraníes mensuales. En aquellos tiempos, obtener un crédito no era muy sencillo.

Aun así, aquellos fundadores se lanzaron a la aventura. Solo contaban con su decisión de darle al país la televisión que se merecía. Fuimos el último país en Sudamérica en poseer una emisora televisiva.

La persistencia de aquellos precursores se vería compensada en los años 70 con la bonanza económica que alcanzó el Paraguay mediante la expansión de la soja y, sobre todo, por la aparición de Itaipú, que permitió la progresiva electrificación del país y un mayor ingreso económico para la población mediante la creación de nuevas fuentes laborales.

Eso hizo posible que más cantidad de personas pudiera comprarse un aparato, que se masificara la audiencia y creciera el apoyo publicitario que hizo sustentable la empresa televisiva.

A principios de los años 70 se aceleró la importación de televisores con el florecimiento económico, la entrada en servicio de la hidroeléctrica de Acaray (1968-1969), que aumentó —a su vez— la generación eléctrica, y sustentó la expansión de la red de transmisión del canal. La urbanización de varias zonas rurales y el crecimiento del consumo privado impulsaron la demanda.

Hacia fines de los 70 la importación de televisores fue ya masiva. El boom de la soja y los dólares ingresados por Itaipú permitieron que más hogares accedieran a esos aparatos aspiracionales, que comenzaron a dejar de ser un bien exclusivo de las élites socioeconómicas.

Los programas nacionales elaborados en un formato sumamente primario en los inicios en aquella pequeña salita del IPS convertida en “estudio”, pasaron a ser, tras la mudanza a la nueva sede, producciones técnicamente avanzadas y con un contenido más ambicioso.

Si bien en el aspecto periodístico la información era limitada por la condición del régimen imperante, Canal 9 TV Cerro Cora, hoy Sistema Nacional de Televisión, produjo una enorme cantidad de programas culturales, artísticos, infantiles, de entretenimiento y de conocimiento general que redundaron en beneficio de la ciudadanía.

Canal 9 se expandió luego por gran parte del país y contribuyó a crear un sentimiento nacional, especialmente en las fronteras, donde hizo frente a la invasión cultural foránea con la difusión de nuestra música, nuestro idioma natural, nuestras costumbres, nuestro teko, nuestro modo de ser. No como una exposición meramente chauvinista ni patriotera, sino como una reafirmación de nuestra identidad como paraguayos.

Quienes por edad tuvimos la ocasión de vivir el proceso de reafirmación identitaria que significó la televisión nacional de la mano de Canal 9 con su emblemático nombre original, Cerro Corá, sabemos del valor de aquello.

Esta celebración de los 60 años y este libro de Díaz y Gunsett son factores propicios para que las nuevas generaciones conozcan todo lo que debieron superar aquellos pioneros para llegar a este presente en el que la televisión es una presencia cotidiana entre nosotros.

Y eso que es hoy cotidiano, la presencia de la televisión en casi todos los hogares, comenzó con el grupo de valientes que, en medio de la pobreza del país y de toda índole de dificultades, creó el Canal 9, nacido en el aniversario relumbrante de Boquerón y con el venerable nombre de Cerro Corá.

Feliz memoria la de los fundadores y la de quienes —hombres y mujeres— forjaron la televisión paraguaya desde sus distintos espacios, a lo largo de estos vibrantes 60 años.