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martes, noviembre 30, 2021
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Probándose el saco

Mientras los analistas continúan exponiendo sus conclusiones diez días después de las elecciones municipales, la clase política da rienda suelta a la imaginación para el 2023, como si lo que aún sigue siendo material de comentario, hubiera sido la pretemporada de cualquier equipo, antes del comienzo del torneo nacional.

Tanto en los ganadores como en los perdedores hay pases de facturas, amenazas de expulsiones azules o coloradas, nominaciones a la candidatura de traidores, especulaciones de los dueños del triunfo y la madre de la derrota. Ésta, curiosamente, muy pocas veces tiene padre.

Las esperanzas de darle mayor legitimidad a los nuevos electos con la lista abierta, echaron por tierra las ilusiones del grupo más numeroso de candidatos y candidatas a concejales de los que se tenga memoria. Los que defendieron las listas sábanas durante años y que les permitían entrar a unos cuantos impresentables, atrincherados detrás de alguna figura atractiva, hoy han pasado a la vereda opuesta decididamente. Descubren en forma tardía que el sistema que funciona en Estados Unidos desde hace muchos años, también puede ser conveniente para las aspiraciones de las elecciones nacionales. Lo cierto es que funciona de ambas maneras en distintas partes del mundo, y lo determinante es el nivel de cultura ciudadana y el límite a los fondos que pueden disponer los partidos políticos en la campaña. Mientras tanto, aquí seguiremos discutiendo hasta el hartazgo sobre uno y otro sistema. ¿Pero sobre del dinero? De eso no se habla. Yo tengo plata y hago lo que quiero y mi sentido de patriotismo me lleva a comprar la conciencia de mis conciudadanos, porque lo mejor que les puede pasar es que gane mi partido. Usted amable lector habrá escuchado la misma cantinela en repetidas oportunidades. La patria, los sagrados intereses, etc. De transparencia, nada. Que se compran votos, que hay filmaciones de ese delito, que no solo el partido de gobierno compra votos. Es cierto. Lo que también es cierto, es que, a pesar de los observadores que no observan, no hubo un solo detenido ni por una hora en una comisaría de barrio.

Yo, el mejor
Luego del 10 de octubre, el fragor electoral parece haber excitado los apetitos de los amantes del poder y no son pocos los que se autopostulan, como si el largar primero les asegurara más chances a la hora de definir candidatos.

El joven Peña, que anduvo trepado a cuanto escenario de campaña se levantara en cualquier rincón del país, nacionalizó su figura y se siente legítimo aspirante. Otra vez el legitimador es el empresario de frontera que ha encontrado una deliciosa tarea: “hacer llover empanadas desde los shoppings”. “Santi” afirma que los sondeos dentro del Partido Colorado, indican que goza de mucha aceptación y que saldrá victorioso para ocupar la chapa presidencial de Honor Colorado. Hasta el silencioso y casi mudo Mario Abdo Benitez, le tira flores diciendo que le gustaría que fuera su sucesor. Muy natural su afirmación si no fuera que aún le quedan dos años de gobierno por delante; pertenece al sector enfrentado a Horacio Cartes, pero ya da vueltas en su cabeza la hora del final de su mandato. Sorprende, mientras unos están buscando sastre y la mejor corbata colorada o blanca, el presidente ya piensa en la tranquilidad de su hogar y que el tiempo no se detenga.

Otro que anduvo en los escenarios de campaña es el Vicepresidente Hugo Velázquez. Ya pasó mucho tiempo de la foto en los camellos, y del escándalo de Joselo en Itaipu, ya nadie se acuerda. Más allá de los hechos, Peña no quiere tenerlo ni cerca: “Si vos me decís, creés que es posible llegar a un consenso sobre la chapa con Hugo Velázquez, te respondo que no. Yo soy de una línea disidente.”

Todo este discurso no va en detrimento del ánimo de Velázquez, quien se siente uno de los elegidos por su experiencia en gestión durante este gobierno. La cicatriz aún no ha cerrado y la concordia terminó el 10 de octubre. No obstante, el autobombo parece uno de los deportes preferidos dentro de la ANR.

En la otra punta del escenario político, aparece Efraín Alegre, caracterizado por su cuate Blas Llano por perdedor serial. Lejos a amilanarse, Alegre se siente el hombre providencial para encabezar la gran alianza opositora.

Por parte del Frente Guasu, también la compra de cortes de telas, está a la orden del día. En algo coinciden: “hicimos una muy mala elección”. Pero eso ya forma parte del pasado y el animal político que vibra en cada aspirante les impulsa a buscar un lugar bajo el sol, y a no dejar las cómodas oficinas a las que parecen haberse acostumbrado desde una revolucionaria mirada.

Como si esto fuera poco, otro que reconoce sus ambiciones es el Canciller Euclides Acevedo, que no se guardó nada: “a todo político le interesa formar parte de la dupla”. Un poco más modesto y no viniendo del riñón colorado, agregó “Yo tengo algunas señales, pero no es para creer. Me encantaría estar entre los 10 primeros del próximo Gobierno”. Para terminar, matizando que “quiere integrar la selección nacional de fútbol, pero no de aguatero.”

La enfermedad del poder
Si usted esperaba algo de la famosa humildad de los paraguayos y su proverbial modestia, no la busque en estas líneas. Aquí estamos rodeados de una partida de hijos de estadistas o estadistas sin hijos, – da lo mismo para el caso- que se sienten que nacieron para ser elegidos.

El término “Hubris” (enfermedad del poder) “es un concepto griego que significa desmesura. Es lo opuesto a la sobriedad, a la moderación. Alude al ego desmedido, a la sensación de omnipotencia, al deseo de transgredir los límites que los dioses inmortales impusieron al hombre frágil y mortal. En la mitología griega, a aquel que se creía Dios, lo volvían loco haciéndole creer que realmente lo era. Ese era el castigo: que se lo creyera.”

Pasan los años, pasan los gobiernos, los gobernantes improvisados o los atornillados al sillón, y luego de compartir esta pequeña lista de nuestra clase política, la muestra es que la mayoría se la creen. Nadie enloqueció por cuotas de poder ejercidas durante años o por no conocer lo que es trabajar fuera del Estado como los demás mortales. Usted, a pesar de lo mal que andamos, está frente a Profesionales de la Política. ¿Cómo sobreviven? Como el corcho. Usted pruebe hundirlo con el dedo, pero inmediatamente al retirar su índice, el corcho flotará nuevamente. La adicción al poder forma parte del ADN nacional y al decir de Saro Vera, “el ciudadano común necesita de este respaldo porque no le ampara ningún derecho. Sino puede mandar encuentra una línea de parentesco con el poderoso”.

Mientras todos van de sastre en sastre y se toman las medidas del próximo traje, no expresan una sola línea de las políticas públicas, reformas del estado, levantamiento de la alicaída educación, la triste salud -más triste luego de la pandemia-, cómo piensan negociar Itaipu con Brasil, etc. etc. Ni lo piense: ésta es una lucha cuerpo a cuerpo, pierna fuerte, y si le da la espalda, puede no volver a contar la historia. Los ejemplos de homicidios fueron abundantes y ya salieron de la tapa de los diarios.

Ocurre que venimos de décadas de repetir estos deleznables ejercicios, mal llamados disputas políticas. La política es la búsqueda del bien común. Y lamentablemente los comunes saben muy poco de ese bienestar, y si bien recibieron algunos bienes y servicios, tendrán que esperar hasta la próxima elección.

Al decir de Miguel Wiñazki: la postmoralidad es el espíritu de esta época, cuando la ética nos resulta indiferente.

Arturo Enzo Bregaglio
Arturo Enzo Bregaglio
Abogado. Periodista y Lic. Ciencias de la Comunicación. Ex director de Radio Viva y vicepresidente por América Latina y Caribe de AMARC (Asociación Mundial de Radios). Ha impartido numerosos cursos de Comunicación Política y Derecho a la Comunicación en México, Costa Rica, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Uruguay y Argentina. Consultor de la organización para la migración paraguaya. Gestión de las campañas en Estados Unidos, Brasil, España, Francia, Italia, Suiza y Argentina, para el logro del voto de los paraguayos en el exterior.

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