martes, enero 27

Los puentes

Una gran amiga mencionó este concepto en una de las tantas videollamadas que habíamos tenido en plena pandemia. Me había dicho que en el proceso de cierre o inicio de una etapa, aparecen personas que son puentes. Algunas inesperadas, otras que ya estaban y unas cuantas que son temporales. Traté de entender a qué se refería, quería que me explicara su relevancia e impacto en nuestras vidas, sobre todo en esos ciclos que nos toca atravesar, pero que a veces nos dan ganas de evitar. Y así fue que expuso su teoría. 

Los puentes llegan en forma de amigas con quienes conversar. Esas que ayudan a apaciguar los enredos mentales y aplastar los pensamientos intrusivos. Pensamientos que nos juegan en contra, nos paralizan y no nos dejan avanzar. Son esas hermanas que se vuelven incondicionales, mujeres que inspiran, pero sobre todo son leales. Esos puentes donde sientes confort y paz, tranquilidad y sosiego. Porque no hay juicio de por medio, solo oídos que escuchan, miradas que reconfortan, risas que dibujan curvas y hacen que la nariz se arrugue de felicidad. 

Los puentes también llegan en forma de personas extrañas. Esas que no esperabas y que aparecen sin buscarlas, pero con quienes sientes una conexión única y genuina, ellas suavizan la hostilidad de estos tiempos y aligeran con abrazos y besos, la carga que estás viviendo. Son puentes que te hacen ver el otro lado de la moneda, donde hay un mundo de oportunidades y un sinfín de experiencias que te esperan. Te empujan a valorarte y ser más amable contigo mismo. Motivan y encienden, alientan y dan paz. Sacan un lado que desconocías, pero que resulta interesante, llamativo, diferente, atractivo. Vuelves a quererte, valorarte, a mirarte y caerte bien.

Los puentes también están en la familia nuclear o extendida. Personas que nos ayudan a distraernos y ocuparnos. Cuestionan con amor y preocupación, extienden una mano, ofrecen hogar y calor, comida y refugio. Dándonos otra perspectiva de la situación y juntos reunir cada pieza, cada parte. Son esos que no te sueltan la mano y sabes perfectamente que juntos podrán cruzar ese puente, porque no te imaginas haciéndolo con nadie más. Son padres y hermanos, abuelos, tíos y primos, con quienes compartes mucho más que la genética y la sangre. 

Como la semilla se quiebra para poder brotar en la tierra o la oruga deshace su cascarón para desplegar sus alas y convertirse en mariposa, es que nosotros también nos fracturamos un poco. Pero no nos rompemos, simplemente estamos renaciendo, no nos apagamos, estamos por salir del túnel y alcanzar la luz. Hay caminos que llevan a puentes peligrosos y es mejor evitarlos, pero otros que son seguros y confiables, algunos se quedarán, otros pasarán. Es pues, un viaje de ida en carretera y son ellos, los puentes con buenos cimientos, quienes llegan para estar a tu lado, haciendo del proceso más ligero y del trayecto un viaje inolvidable. Temporal o eterno, solo el tiempo lo dirá.