El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, aseguró este sábado que existen “muchas señales” de que el líder supremo de Irán, Alí Jameneí, habría fallecido tras los ataques militares lanzados por Israel y Estados Unidos sobre territorio iraní. Según el jefe del Gobierno israelí, la ofensiva —que tuvo como uno de sus objetivos el complejo donde se encontraba el ayatolá— habría impactado directamente en la cúpula del régimen. Netanyahu calificó a Jameneí como un “tirano” y lo responsabilizó de promover el terrorismo internacional y de impulsar acciones contra el Estado de Israel.
Las declaraciones del mandatario se producen en medio de una escalada bélica sin precedentes en la región, tras una operación conjunta entre Israel y Estados Unidos dirigida contra infraestructura militar, nuclear y centros de mando del régimen iraní.
Aunque Israel sostiene que hay indicios sólidos sobre la muerte del líder iraní, Teherán ha negado la versión, asegurando que Jameneí continúa con vida y acusando a sus adversarios de lanzar una “guerra psicológica”. Informes preliminares indican que los bombardeos provocaron la muerte de altos mandos militares y responsables del programa nuclear iraní, además de centenares de víctimas y daños en numerosas provincias del país.
En respuesta, Irán ha lanzado ataques con misiles y drones contra posiciones de Estados Unidos e Israel en distintos puntos de Oriente Medio, lo que ha intensificado la tensión regional y elevado el riesgo de un conflicto de mayor escala.
La comunidad internacional ha reaccionado con preocupación y ha llamado a la desescalada, mientras crece la incertidumbre sobre el futuro político de Irán en caso de confirmarse la muerte de su líder supremo, quien ha sido la máxima autoridad del país desde 1989. De confirmarse el fallecimiento de Jameneí, se abriría un proceso de sucesión en el poder iraní con profundas repercusiones geopolíticas y económicas, especialmente en los mercados energéticos globales, sensibles a la estabilidad en el Golfo Pérsico.

