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sábado, diciembre 4, 2021
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La bartola forestal

Las imágenes de incendios forestales vuelven a mostrarnos los signos de un armagedón  moderno que no parece tener fin. Ni los antecedentes de años anteriores ni la permanente prédica de no quemar basura, tirar colillas o realizar quemas de pastizales para renovar el pasto son suficientes para contener la irracionalidad de un hecho que que ya tragó  la mitad del parque nacional “Cerro Corá” e ingresó desde Bolivia a quemar los bosques fronterizos como el año pasado.

El fuego es algo que se debe trabajar y prever concienciando y preparando la infraestructura, así empezaba afirmando  el ex diputado nacional y ex ministro del ambiente Edmundo Rolón en Radio Libre en conversación con Benjamín Fernández Bogado en su programa “Contrapoder”. Afirmó que no tenemos políticas orientadas a entender y afrontar el problema e incluso en tuiter el  propio ministerio del ambiente advierte a los ciudadanos que los incendios forestales deben ser denunciados a los intendentes municipales que carecen de recursos, carros hidrantes y conocimiento”.

Políticas caóticas
Los graves incendios forestales que estamos teniendo en Paraguay son  6756 focos  hasta ahora. Es importante entender que el hacer fuego en el bosque es un delito que daña económica y ambientalmente. Paraguay registra incendiada la mitad del parque nacional  “Cerro Corá” donde el Mariscal Lopez encontró la muerte en manos de los brasileños. Rolón afirma que los rosados están prohibidos desde hace años y que los ganaderos serán muy estúpidos en destruir sus propias hacienda con quema de pastos secos para renovarlos con las lluvias.  En Amambay y su parque nacional se requiere de un guardabosques cada 50 hectáreas y hay uno por cada 300 .

El ex ministro dijo que las cabeceras departamentales y bomberos forestales deben estar equipados para hacer frente previamente a  los “terroristas tilingos” del medio ambiente. También dijo que es una total mentira el decir que los dueños de los campos son responsables del incendio de sus campos.

Apuntó que alguna vez en el código rural de la década de 1940  se tenían previstas las quemas controladas  de espacios naturales para favorecer el uso del campo para el programa de cultivo algodonero.  “Los rastrojos podían ser quemados” afirma Rolon quien también dice que la ley no se adecua a los tiempos y el ministerio del ambiente no figura entre los responsables de cuidar el hábitat de los incendios. “Están los municipios y las universidades y no el órgano rector de las políticas nacionales ” dice con frustración Edmundo Rolón quien concluye que estamos “a la bartola” en cuestiones de incendios y prevención en el país.

La quema de campos es una cultura o tradición antigua por considerar una forma de limpieza con  la utilización del fuego para limpiar un campo que tenga yuyos o malezas que afectaría los campos. También existe una cultura de cacería de animales que huyen del fuego y son fácilmente capturados por “marisqueros” dedicados a este menester.

No hay castigos
Es importante entender y llevar a la práctica la frase; “no jugar con fuego”.  Debemos terminar con los nocivos verbos de quemar y destruir cambiandolo  por apagar y construir para con ayuda de la conciencia emerger de esta tragedia que vivimos en la actualidad en todo el país.  Debemos principalmente dejar de quemar para evitar quemarnos.

“No existen personas que cumplan pena de prisión por la destrucción de medio ambiente”  según  Edmunto Rolón  afirmando también que es necesario capturar y sancionar a los culpables de estos incendios  con penas ejemplares.

También destacó que el desmonte autorizado o rosado en la región oriental no existe a diferencia de lo que se permite en el Chaco o Región Occidental. Se deben articular  instituciones que puedan castigar a los responsables de estos problemas candentes para evitar lamentar sus consecuencias.

De momento y con todas las experiencias acumuladas todavía seguimos quemando sin ningún respeto a la naturaleza ni  de algunos seres humanos que se encargan pareciera de destruir o quemar nuestro futuro común.

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