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Juventud y energías mal enfocadas

En la vida hay momentos que tienen sus necesidades, tiempos y preferencias que necesitan para desarrollarse y existir  bien. La infancia y adolescencia requieren atención, educación, límites y corrección, límites para ayudar a prevenir problemas en su futuro cómo lo ocurrido hace poco con la agresión que sufrió Benjamín Zapag por otros jóvenes que lo lastimaron gravemente. Dos de los agresores están presos en Tacumbú y el golpeado recuperándose luego de intervenciones quirúrgicas complejas.  Hoy declaró en tribunales e identificó a uno de los agresores.

Una realidad que nos lleva a pensar en la energía de la juventud mal canalizada en la violencia que no son la mejor plataforma para su futuro cómo adulto, futuro particular y colectivo cómo sociedad. 

Porque no se trata solo de un individuo que fue víctima de los golpes sino cualquiera que también podemos ser víctima en cualquier lugar y momento que nos puede dejar internado en hospital o hasta enterrados en un cementerio. Lugar nada agradable porque el estar allí no es realmente el ser algo sino ya nada. 

Esos lugares carcelarios no son necesariamente una escala o peldaño  bueno para continuar subiendo la escalera o viajando en la vida con la intención de hacer un buen recorrido o travesía en el existir.

Podría ser muy diferente si cómo jóvenes concentramos nuestras energías en mejores actividades que lo que significa fomentar y ser violentos entre nosotros. Ejercicio que sólo ocuparía terapias intensivas o hasta espacios en cementerios que de acuerdo al reloj natural debe de ser ocupado por personas mayores que nosotros o aquellas que sufran algún accidente o problema con su salud que ya no tenga solución.

Cambiar de lógica

Este desenlace de actitud que no solo puede servir para las víctimas o victimarios de hechos cómo el citado sino a todos porque el tener en la familia, aula o empleo a personas que dediquen tiempo en actividades que canalicen su energía en el deporte, arte o lo que sea que pueda ayudar en reducir la adjetivación de corrompido y ser reemplazandolo por corregido, saneado, desinfectado y purificado en actividades lícitas que canalizan energías.

El deporte, la escritura, la lectura o lo que signifique esfuerzo mental o físico son canales que consumen bien lo que no debe desviarse por la violencia. Es cuestión de fomentarlos en todos los ámbitos incluidos en las familias que son víctimas colaterales de los malos actos de muchos. 

No solo depende de la policía, agentes de seguridad o empresas privadas  dedicadas a ofrecer certidumbre que no habrá robos, peleas ni destrucción del establecimiento  sino de todos  los habitamos  este país. Hay mucha energía mal canalizada en todos los segmentos sociales y eso no puede seguir siendo noticia solo en hechos violentos y degradantes. Esto debe cambiar de lógica.-

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