El calor extremo coincidió con sequías, ríos con caudales mínimos e incendios que elevaron la presión sobre distintos sectores.
Europa occidental registró en 2026 su verano más cálido desde que existen registros. El 52% del continente llegó a estar expuesto a niveles muy altos de estrés térmico, mientras los principales ríos alcanzaron caudales excepcionalmente bajos.
El verano de 2026 dejó una combinación poco habitual de fenómenos extremos en Europa. El calor persistente, la falta de lluvias y la reducción de los caudales de los principales ríos se presentaron de manera simultánea, aumentando la presión sobre la salud, la producción agrícola, el transporte y la generación de energía.
De acuerdo con el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, Europa occidental registró una temperatura media de 21,7 °C durante el verano, 2,5 °C por encima del promedio del periodo 1991-2020. Con este registro, superó el récord anterior, establecido en 2003. En el conjunto del continente, 2026 quedó como el tercer verano más cálido de la serie.
El calor se extendió por buena parte del continente
Uno de los indicadores que refleja la intensidad de la temporada es el estrés térmico, que mide cómo las condiciones ambientales afectan al organismo humano. Hacia el final del verano, el 52% del territorio europeo estuvo expuesto a condiciones de estrés térmico consideradas muy fuertes, asociadas a una temperatura percibida de 38 °C o más. Europa occidental acumuló además 41 días con estrés térmico fuerte, cinco más que en 2003. Los episodios de estrés térmico muy fuerte llegaron a 13 días, también un máximo para la región.
La extensión del calor también marcó una diferencia. Durante 2026 hubo 17 días en los que al menos el 60% de Europa occidental registró temperaturas superiores a los 30 °C. En 2003 fueron 11 días y en 2025, siete. El comportamiento tampoco se limitó a junio, julio y agosto. Las condiciones cálidas comenzaron antes de lo habitual, con una importante ola de calor a finales de mayo, y los registros extremos continuaron durante septiembre.
Sequía presiona a los ríos y al transporte
El calor estuvo acompañado por una prolongada situación de sequía que redujo de manera significativa la disponibilidad de agua. Según los datos de Copernicus, los ríos europeos registraron durante el verano sus caudales más bajos desde el inicio de los registros del Sistema Europeo de Alerta de Inundaciones, en 1992. Ríos como el Rin, Danubio, Po, Loira, Ródano y Sena llegaron a niveles mínimos o próximos a sus récords durante julio y agosto. La situación tuvo consecuencias sobre el transporte de mercancías, especialmente en las vías fluviales utilizadas para movilizar productos y materias primas.
La reducción del agua también generó presión sobre otras actividades. El menor caudal afecta al riego, la generación hidroeléctrica y la refrigeración de centrales eléctricas, mientras que la demanda de electricidad aumenta durante los episodios de calor por el mayor uso de sistemas de climatización.
Más presión sobre agricultura, incendios y ecosistemas
La combinación de temperaturas elevadas y sequedad también favoreció una temporada de incendios forestales especialmente activa. Para el 2 de septiembre, la superficie quemada en la Unión Europea era casi el doble del promedio registrado entre 2006 y 2025 para ese momento del año, con una actividad particularmente importante en España y Francia. El impacto también alcanzó al sector agrícola, debido principalmente a la falta de agua y al estrés generado por las altas temperaturas. La coincidencia de calor y sequía aumenta la presión sobre los cultivos y sobre la disponibilidad de recursos hídricos.
Otro elemento destacado fue el comportamiento de los mares europeos. En amplias zonas del Atlántico y del Mediterráneo occidental y central se registraron temperaturas superficiales del mar récord o cercanas a esos valores. Estas condiciones pueden contribuir a mantener temperaturas elevadas durante la noche y aumentar la humedad en las zonas costeras, agravando el estrés térmico. El escenario observado durante el verano europeo muestra que el impacto de los eventos extremos no depende solamente de alcanzar una determinada temperatura. La coincidencia entre calor, sequía, incendios, bajos niveles de los ríos y temperaturas marinas elevadas genera efectos que se trasladan de un sector a otro y aumentan la presión sobre los recursos naturales, la infraestructura y la actividad económica.