Los colombianos han decidido ratificar la confianza en Gustavo Petro, exalcalde de Bogotá, una ciudad de ocho millones de habitantes, que ya lo tuvo como administrador.
Los miedos y las angustias de los sectores conservadores no son pocos en esa nación dominada políticamente por ellos desde hace más de cien años.
Es el momento de tener una mirada más incluyente, y el hecho de que haya elegido a una mujer que fue empleada doméstica y madre soltera como su vicepresidenta, y que sea negra, marca toda una diferencia en torno a la mirada política de esa nación que ha sido notoria en términos de noticias sobre los hechos de enfrentamiento entre la guerrilla y el establishment político por más de cincuenta años.
Arribaron a una paz que ha sido también cuestionada por varios sectores de la sociedad colombiana que parecieran haber disfrutado de que el conflicto fuera inacabado e inacabable.
También tendrá que integrar socialmente a esa nación de campesinos que creían que no tenían ninguna opción, a los de raza negra que también estaban esperando una oportunidad de hacerse sentir políticamente en esa nación que tiene más del 20% de población afrodescendiente.
Es también una mirada nueva sobre el capitalismo, que ha dicho Petro, le dará un rostro mucho más humano durante su mandato y afirma y subraya que no viene con un ánimo de venganza.
Colombia es el país de más de cuarenta millones de habitantes, el país con el que tenemos vínculos históricos los paraguayos, emprende un nuevo camino; de cuatro años es el mandato que le dan a Petro que gana por un margen estrecho de un 3% y que, lógicamente, debe leer y entender todas estas realidades para hacer un buen gobierno.