La firma del Acuerdo de Asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, concretada este sábado 17 en Asunción, no solo representa un avance comercial largamente esperado, sino que reconfigura el tablero político y geoeconómico de América del Sur. Tras más de 25 años de negociaciones intermitentes, el entendimiento da forma a una de las mayores áreas de libre comercio del mundo, abarcando un mercado de casi 800 millones de personas y un PIB combinado superior a los USD 25 billones. Para Paraguay, el acuerdo constituye una plataforma estratégica para ganar visibilidad internacional, atraer inversión extranjera y reposicionarse dentro del bloque regional como un actor previsible y alineado con las reglas del comercio global.
El hecho de que la firma se haya realizado en Asunción, bajo la presidencia pro tempore paraguaya del Mercosur, tiene un peso simbólico y político particular. El presidente de la República, Santiago Peña, destacó que la capital paraguaya fue el lugar donde nació el Mercosur en 1991 y que, más de tres décadas después, vuelve a convertirse en escenario de una definición histórica para el futuro del bloque. En su discurso, subrayó que el acuerdo no debe leerse únicamente en clave económica, sino como una señal de madurez institucional y de vocación integradora frente a un mundo crecientemente fragmentado.
La jornada, sin embargo, estuvo atravesada por una ausencia que no pasó desapercibida: la del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Su no participación en la firma expuso tensiones políticas internas dentro del Mercosur y reavivó las diferencias entre Brasilia y Asunción en torno al liderazgo regional y al ritmo de la agenda externa del bloque. En sectores diplomáticos, la ausencia fue interpretada como un gesto político que refleja las reservas del gobierno brasileño sobre algunos capítulos del acuerdo, particularmente aquellos vinculados a compromisos ambientales, apertura industrial y márgenes de política pública.
Desde la óptica europea, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, remarcó que el acuerdo envía una señal clara en favor del multilateralismo, el comercio basado en reglas y la cooperación entre regiones afines en valores democráticos. En un contexto global marcado por el aumento del proteccionismo y la rivalidad entre potencias, sostuvo que la alianza entre Europa y el Mercosur refuerza la estabilidad de las cadenas de suministro y consolida un espacio económico confiable para las inversiones de largo plazo. La Unión Europea, recordó, ya es el segundo socio comercial del Mercosur y su principal inversor extranjero.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, puso el acento en la dimensión política del entendimiento, al señalar que un mercado integrado de esta magnitud no solo fortalece el comercio y la producción, sino que amplía el peso específico de ambas regiones en los debates globales. La creación de este espacio común, afirmó, otorga mayor capacidad de incidencia en temas como la gobernanza económica internacional, la transición energética y la reforma de los organismos multilaterales.
En el plano interno, el Gobierno paraguayo enfatizó que el acuerdo representa una oportunidad para redefinir el rol del país dentro del Mercosur, especialmente en un escenario donde Brasil y Argentina concentran históricamente el poder económico y político del bloque. Desde Asunción, la lectura oficial apunta a que la estabilidad macroeconómica, la previsibilidad fiscal y el acceso preferencial al mercado europeo pueden convertir a Paraguay en un polo atractivo para inversiones productivas orientadas a la exportación, en un contexto regional marcado por asimetrías y tensiones recurrentes.
Más allá del comercio, el acuerdo incorpora compromisos en materia de desarrollo sostenible, estándares ambientales y laborales, y cooperación regulatoria. Para la Unión Europea, estos capítulos son centrales para legitimar políticamente el tratado ante sus Estados miembros y su opinión pública. Para el Mercosur, y particularmente para Brasil, constituyen uno de los puntos más sensibles del debate interno, al tocar intereses estratégicos vinculados a la industria, la agricultura y el uso de recursos naturales.
En términos geopolíticos, la firma del acuerdo consolida una alianza entre dos bloques que buscan reafirmar su relevancia en un mundo multipolar. Para Paraguay, el desafío será capitalizar este marco histórico más allá del simbolismo, transformándolo en resultados concretos: mayor valor agregado en las exportaciones, atracción de inversiones de calidad y generación de empleo formal. Al mismo tiempo, el país emerge como un actor que, desde una diplomacia activa, logró avanzar en un acuerdo que redefine el equilibrio interno del Mercosur y proyecta nuevas dinámicas de poder en la región.