No seamos ingenuos
¿Qué puede esperar una nación, un ciudadano, si no puede confiar en su administración de justicia? Para una inmensa porción de paraguayos, su metro cuadrado cotidiano no pasa por saber en detalle qué es la Corte Suprema de Justicia y de qué manera podría llegar a modificar su vida. Mucho menos, tener idea de quiénes la componen y, aún menos, cuál es su comportamiento personal, su calidad ciudadana y su calidad profesional.
De pronto, esos ciudadanos se enteran que de ese limbo poderoso e influyente rezuma una especie de baba de características a cual más repugnante, la corrupción. La contaminación atmosférica en el Palacio de Justicia es tal que los exclusivismos magistrados del más alto tribunal de justicia de la República tuvieron que exigir a su causante que abandone el recinto. Dema...