miércoles, junio 17

SER HUMANO Y LIBERTAD

A veces creemos que la libertad es vivir sin control, hacer o decir lo que queramos o romper todas las reglas, el filósofo alemán Immanuel Kant decía que: «El hombre no es libre cuando rompe todas las reglas sino cuando elige obedecer a la razón en sí mismo». 

El pensador alemán, un actor fundamental en la historia de la filosofía, apostó por la racionalidad y la responsabilidad como camino más directo hacia la libertad.  Nacido en 1724 y fallecido en 1804, es, sin duda, uno de los filósofos más influyentes de la historia y una figura fundamental de la Ilustración prusiana. Su pensamiento transformó notablemente la filosofía moderna al unir las dos grandes corrientes de su época, se lo clasifica principalmente como el fundador y máximo exponente del idealismo trascendental y del criticismo, se lo clasifica principalmente como el fundador y máximo exponente del idealismo trascendental y del criticismo. 

Al ser racionales y capaces de ejercer la libertad por sí mismos, los seres humanos aceptamos una responsabilidad moral, es decir, es inútil anhelar libertad si, al mismo tiempo, no se somete al compromiso de aparcar las veleidades personales, a menudo caprichosas, o que apuntan a satisfacer necesidades particulares.

Kant desarrolló en obras como la ‘Fundamentación para una metafísica de las costumbres’ y que establecía que la persona habita en dos mundos bien diferenciados. Por un lado, el mundo fenoménico, en el que sigue los patrones de las leyes naturales. Por el otro, el numérico, gobernado por la racionalidad y la responsabilidad.  

Descifrando el mensaje que ha leído; la libertad como la moralidad deben ir de la mano indefectiblemente. Cuanto más se acerca a lo correcto, el hombre es más libre, y no cuando rompe las reglas establecidas para que exista armonía y paz en el partido de fútbol, el aula, la empresa o institución donde trabajemos.

En el terreno de la moral, Kant es el padre de la ética deontológica (una ética basada estrictamente en el deber y la intención, no en las consecuencias de los actos).

Kant transmitía que la libertad no consiste en que cada persona haga lo que quiera o lo que le dicten sus impulsos, sino en aportar por la autonomía de la voluntad. Y es que la auténtica libertad Kant es «la capacidad de obedecer la ley que uno mismo se ha dado» por medio de la razón. Los principios morales universales y el deber son los estandartes imprescindibles para mantener el entramado.  

En el lenguaje cotidiano, solemos asociar la libertad con hacer lo que queramos, sin límites, sin leyes y sin que nadie nos diga qué hacer. Pensamos que romper las reglas es el acto máximo de rebeldía y libertad.

Kant rompe con esta idea. Él argumenta que cuando una persona rompe todas las reglas sociales o morales simplemente para saciar sus deseos, caprichos o impulsos del momento, no está siendo libre, sino esclavo de sí mismo.