Hace ocho años, una ostentosa fiesta de cumpleaños en Ciudad del Este terminó convirtiéndose en uno de los principales puntos de partida de una investigación que desembocaría en la Operación Berilo y en la detención de Reinaldo Javier Cabaña Santacruz, alias “Cucho”, señalado por el Ministerio Público como supuesto líder de una estructura dedicada al narcotráfico.
Cabaña cumplió 33 años en 2018 y decidió celebrarlo a lo grande. La fiesta reunió a familiares, figuras conocidas de Alto Paraná y numerosos invitados. Uno de los elementos que más llamó la atención fue su llegada al evento a bordo de un Lamborghini Gallardo amarillo, vehículo que se convirtió en una de las imágenes más recordadas del caso.
La ostentación no quedó limitada a aquella celebración. Según los antecedentes de la investigación, Cabaña había acumulado vehículos de alta gama, propiedades, negocios y una lujosa quinta en la zona de Juan E. O’Leary, conocida posteriormente como “Quinta Nápoles”, en alusión a la hacienda del narcotraficante colombiano Pablo Escobar.
De la ostentación a la investigación
La exposición pública de Cabaña terminó despertando el interés de agentes de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad). En abril de 2018, la Justicia autorizó la intervención de comunicaciones telefónicas de Cabaña y personas de su entorno, a pedido del Ministerio Público.
Las escuchas permitieron a los investigadores reconstruir parte del funcionamiento de la estructura que atribuían al entonces empresario de Ciudad del Este. Entre los nombres que aparecieron durante la investigación estuvo el del exdiputado colorado Ulises Quintana.
Uno de los episodios centrales de la causa involucró el traslado de dinero que, según la investigación, estaba destinado a la compra de cocaína. El caso terminó vinculando judicialmente a Quintana con Cabaña y se convirtió en uno de los elementos más conocidos de la investigación Berilo.
Cinco meses de escuchas
La investigación avanzó durante aproximadamente cinco meses. Los agentes antidrogas siguieron comunicaciones, movimientos y vínculos de los integrantes de la organización hasta reunir elementos que, según la Fiscalía, justificaban un operativo de gran escala.
Finalmente, el 6 de septiembre de 2018, casi un centenar de agentes especiales y una decena de fiscales participaron de allanamientos simultáneos en Ciudad del Este y otros puntos del departamento de Alto Paraná.
El operativo recibió el nombre de Berilo y terminó con la detención de Cabaña, familiares y otros presuntos colaboradores. Durante los procedimientos también fueron incautados vehículos, drogas, dinero y otros bienes. Una de las imágenes que quedó asociada al operativo fue la de Cabaña detenido dentro de su vivienda, donde parte del dinero habría estado oculto en un sofá.
El capítulo político
La investigación también alcanzó al entonces diputado Ulises Quintana, quien terminó privado de libertad luego de ser vinculado con Cabaña. Según la acusación fiscal, habría intervenido para intentar recuperar dinero que supuestamente pertenecía al presunto narcotraficante.
El caso adquirió así una dimensión política y judicial que trascendió ampliamente a Ciudad del Este. Quintana sostuvo que existía un trasfondo político detrás del proceso, mientras que las autoridades defendieron la investigación y los procedimientos realizados. (InSight Crime)
Ocho años después
La Operación Berilo fue ejecutada durante el gobierno de Mario Abdo Benítez, pero sus consecuencias judiciales se extendieron durante los gobiernos siguientes.
Cucho Cabaña permaneció varios años privado de libertad y posteriormente pasó a cumplir arresto domiciliario mientras el proceso continuaba. La causa avanzó entre incidentes, recursos y postergaciones hasta quedar encaminada hacia un juicio oral.
Ocho años después de aquella madrugada del 6 de septiembre de 2018, la fiesta de cumpleaños que había exhibido públicamente el poder económico de Cabaña sigue siendo recordada como uno de los acontecimientos que ayudaron a poner en marcha la investigación que terminó con el desmantelamiento de su estructura.
Lo que comenzó como una celebración cargada de lujo y ostentación terminó convirtiéndose, meses después, en una pieza clave de una de las investigaciones contra el narcotráfico más emblemáticas de los últimos años en Paraguay.