lunes, mayo 18

Cumplir sin sobreesfuerzo / Félix Giménez

Hoy día se nos dice tanto que la productividad se mide en horas extras y sacrificios
personales, surge entonces una idea que incomoda a las empresas pero seduce a los
trabajadores, el cumplir sin sobreesfuerzo. No se trata de flojera ni de falta de
voluntad, sino de una redefinición del equilibrio entre vida laboral y personal. Esta
nueva realidad refleja una verdad que resulta polémica: trabajar más no es igual a
trabajar mejor.

Cumplir lo pactado en el contrato, respetar los horarios y no asumir responsabilidades
que no corresponden es, en realidad, simple justicia laboral. Durante décadas, se
normalizó y hasta se romantizó que el empleado debía demostrar lealtad absoluta con
horas extras no pagadas, disponibilidad permanente y una entrega inhumana. Hoy, las
nuevas generaciones cuestionan esa lógica y reivindican el derecho a tener una vida
fuera del trabajo.

El sobreesfuerzo diario solo conduce al desgaste emocional, al burnout y a la pérdida
de sentido y otras metas. Cumplir sin sobreesfuerzo, en cambio, permite que el
trabajador conserve energía, creatividad y motivación para lo que realmente vale la
pena. No es una renuncia silenciosa, sino una forma de resistencia frente a un mundo
que exige más de lo que ofrece.

Solo las empresas que entiendan esta tendencia podrán adaptarse mediante políticas
de bienestar, flexibilidad y reconocimiento. Las que la ignoren seguirán viendo cómo
sus empleados cumplen sin pasión ni compromiso y terminan renunciando por otra
que sí ofrece algo mejor. El desafío es establecer un mundo laboral donde cumplir sea
suficiente y donde el esfuerzo se mida en calidad, no en cantidad. Porque trabajar
dignamente no debería ser un acto heroico, sino algo normal.